Me alegra poder ser uno de los «inauguradores» de PERPETUO, un espacio necesario desde hace muchos años y que, por alguna razón –yo sé cuál es–, no había cristalizado hasta ahora. Paradójicamente, en un entorno tan dinámico, pero sobre todo tan proclive a la caducidad como es internet, parecería que un portal como es este –o, más bien, va a ser–, estaría ya sobrepasado debido –si se puede decir así– a la mensajería instantánea y a los grupos que en ella se crean para generar micro-comunidades. Y lo digo con conocimiento de causa: administrar un foro, esos artefactos prehistóricos (¡existíamos antes que Facebook!), te da cierta perspectiva.
Es por esto que pienso que un formato como el de PERPETUO sigue teniendo su razón de ser en la red del siglo XXI. Al fin y al cabo, lo que diferencia a los foros de un portal como el que se propone ahora es la posibilidad de debatir sobre la información aportada o, si vamos un poco más allá, aportar información (datos, experiencias, opiniones) «fuera de guión». Algo que, por otra parte, ha impedido que las marcas confiaran en ellos como soporte publicitario o de divulgación dada la impredictibilidad de los contenidos o, dicho de otra forma, la imposibilidad de controlarlos.
No me quejo. Después de más de 20 años online (22 para ser preciso), Relojes Especiales goza de una mala salud de hierro, que es lo mismo que decir que todavía resiste a pesar de que conoció tiempos mejores. Una de las cosas de las que me siento más orgulloso son los proyectos que hemos llevado a cabo durante este tiempo. Son relojes que se han pensado, concebido y diseñado de forma coral, con la participación de la comunidad mediante lluvia de ideas y votaciones para llegar al producto final. A estas alturas, acumulamos no menos de 16 proyectos realizados, en colaboración con marcas de –casi– todos los niveles, desde la rusa Boctok hasta la alemana Nomos, pasando por un independiente como es Aniceto J. Pita, del que tenemos tres modelos especialmente hechos para nosotros.

Dado lo heterogéneo de nuestra comunidad –no hay requisitos de admisión ni wallet code–, la premisa siempre ha sido hacer relojes asequibles a una mayoría, si bien es cierto que, a medida que hemos ido siendo más ambiciosos en cuanto al producto final, el público objetivo se ha reducido. Y este es el punto donde nos encontramos ahora: un reloj en edición limitada a 15 unidades que hemos encargado a Sartory-Billard, una marca emergente que, en tan solo ocho años, se ha hecho un hueco en el corazón de los aficionados por su mezcla de originalidad y habilidad en las colaboraciones (Comblemin, Cattin, Underd0g…) y que, estoy seguro, va a dar mucho que hablar en los próximos años.

Nuestro próximo reloj se llamará Pegaso Z-102, y su estética se basa precisamente en esos automóviles históricos que parecen surgidos de una leyenda urbana: motores de 8 cilindros en V y 3000 cc de cilindrada, entregando 200 CV de potencia y registrando velocidades de hasta 250 km/h. Y fabricados en España, en un tiempo –posguerra civil española– en que lo último en lo que uno pensaría es en superdeportivos capaces de plantar cara a los Ferrari, Maserati o Mercedes de la época. Aquí aplicaría una frase que he leído en la firma de algún forero: «como no sabían que era imposible, lo hicieron». En seis años solo se produjeron 86 unidades de un coche adelantado a su tiempo; una media de 14 vehículos por año, lo que les otorga la característica de piezas artesanales y, se podría decir, únicas, pues prácticamente no hubo dos carrocerías iguales.

La inspiración principal –y natural, en este caso– ha sido el velocímetro: cifras dispuestas en círculo marcadas por una aguja. Unas cifras que tienen la particularidad de estar regruesadas y que, estoy seguro, van a dar mucha personalidad a nuestro Pegaso Z-102. Si a eso añadimos que la diseñadora que se ha hecho cargo del layout había trabajado para Reservoir y su universo de contadores, obtenemos una perfecta alineación de astros, porque captó a la primera la esencia del velocímetro Jaeger y prácticamente no ha habido que hacer modificaciones importantes. Una segundera de color naranja y las horas multiplicadas por diez harán la magia. La corona irá personalizada con el logo del foro (12E) respetando la disposición de Sartory-Billard; esto es, con material luminiscente como fondo.


Si el corazón de los Pegaso era un V8 de 200 CV, el de nuestro Z-102 será la referencia G101ET de la manufactura suiza La Joux Perret: un calibre automático de tres agujas con 24 rubíes que vibra a 4 hercios (28 800 alternancias por hora), rotor de tungsteno y una reserva de marcha de 68 horas. Quedará oculto bajo una trasera ciega que, no obstante, estará decorada con un motivo basado en las ruedas Borrani –de tornillo único con radios– que montaron prácticamente todos los Pegaso Z-102. En esa misma tapa trasera se inscribirán los datos referidos a la serie limitada.

Igualmente, tengo pensado añadir una tarjeta de aluminio con los datos técnicos y de serie del reloj, emulando la placa identificativa que se instalaba en el vano motor de cada coche. Ahí se indicaba los números de motor y de bastidor, así como la cilindrada o el tipo de gasolina recomendado. Como curiosidad, algunos coches llevaban una placa adicional con los datos del propietario incluyendo su domicilio, algo impensable en nuestros días.


Si todo va como está previsto, cerraremos admisiones el próximo día 30 y la producción dará comienzo en febrero, con la intención de que esté terminado para antes del verano. Me gustaría poder celebrar una ceremonia de entrega junto a uno de los pocos Pegaso Z-102 que quedan en España –espero que pueda ser en Barcelona, por aquello de los orígenes– para lo que ya estoy buscando contactos. ¿Alguna sugerencia?
Por cierto, mientras termino de escribir este artículo, quedan disponibles cuatro unidades, por si alguien se anima.



Deja una respuesta