
Un apodo nacido entre coleccionistas en 1949 vuelve a la vitrina de Rolex. El Perpetual Padellone recupera aquella sartén dorada de calendarios y fases lunares, pero le presta un corazón nuevo: un calibre que solo pide corrección una vez al año. La leyenda italiana, resucitada con precisión suiza.

Setenta años después del primer Ladybird, Blancpain vuelve a mirar hacia adentro: una esfera del tamaño de una perla, tallada en acero y oro rojo, que aloja un corazón mecánico propio. El Lady B no es una reedición nostálgica, sino la prueba de que la miniaturización femenina también late con precisión.

Un apodo nacido entre coleccionistas en 1949 vuelve a la vitrina de Rolex. El Perpetual Padellone recupera aquella sartén dorada de calendarios y fases lunares, pero le presta un corazón nuevo: un calibre que solo pide corrección una vez al año. La leyenda italiana, resucitada con precisión suiza.

Hublot desnuda su Big Bang de todo artificio cromático y lo viste, por primera vez, de piel: un caucho aterciopelado fundido al titanio hasta confundirse con él. All Black y All Red laten con el mismo corazón mecánico, el calibre Unico, bajo una superficie que invita, más que nunca, a ser tocada.

En el Palacio de Hampton Court, A. Lange & Söhne viste de azul profundo al esbelto 1815 UP/DOWN y entrega el monumental Triple Split a la severidad del platino: dos gestos que confirman que, en el taller de Glashütte, la elegancia sigue siendo, ante todo, una cuestión de precisión.

Perrelet viste sus esferas Weekend de piedra viva: turquesa, lapislázuli, ónix y ojo de tigre, cada una irrepetible bajo el cristal. Un capricho mineral que cabe en 39 milímetros, con el pulso constante del calibre Soprod P-321 y el gesto sencillo de mudar de correa según el día.

L.Leroy apaga la esfera para encender el oído: el nuevo Vox Temporis esconde su tourbillon, acalla la manecilla de los minutos y solo revela la hora exacta a quien decide escucharla. Un capítulo más en el regreso de una de las manufacturas más antiguas de la relojería, esta vez contado a través del sonido.
Un apodo nacido entre coleccionistas en 1949 vuelve a la vitrina de Rolex. El Perpetual Padellone recupera aquella sartén dorada de calendarios y fases lunares, pero le presta un corazón nuevo: un calibre que solo pide corrección una vez al año. La leyenda italiana, resucitada con precisión suiza.
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