Antes de comenzar con el artículo, voy a lanzar una pregunta: de los cinco sentidos –la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto–, ¿cuál de ellos usas para disfrutar de tu afición a la relojería?
A menudo suelo hablar de la técnica de los relojes, ya que tiene un peso bastante importante para mí; sin embargo, es algo que, salvo en un puñado de piezas donde el diseño es el protagonista, la técnica suele pasar desapercibida, a pesar de que es un factor muy decisivo para el usuario a la hora de realizar una compra y decidirse por un reloj u otro.
Por ello, hoy quiero hablaros de Emmanuel Gueit. Aunque de primeras os voy a introducir un poco en su trabajo y trayectoria, posteriormente analizaremos algunas piezas de su paso por Audemars Piguet: diseños que son una auténtica locura y que, curiosamente, son prácticamente desconocidas.
Él ha sido el responsable de muchos relojes que seguramente te suenen, ya que ha trabajado en Hermès, Tiffany & Co., Ikepod y Harry Winston, donde realizó un reloj hecho con una aleación de circonio y aluminio; el reciente Dennison, del que tanto se ha hablado, y en especial el Cellini de Rolex antes de que la colección desapareciera del catálogo de la marca, pero que sirvió como base para la línea 1908 que hay actualmente.
Sin embargo, su reloj más influyente ha sido la reinterpretación del Royal Oak para desarrollar el Offshore, desempeñando un papel decisivo en el inicio de la era de los relojes deportivos de gran tamaño que llegó a dominar a finales de los 90 y principios de los 2000. Antes del Offshore, pocas marcas de lujo se atrevían a crear piezas de más de 40 mm o a tratar elementos utilitarios, como el caucho y las juntas expuestas, como símbolos de estilo o puntos de valor estético.
Si quieres saber cómo fueron los comienzos de este modelo, te adjunto unos bocetos previos a su lanzamiento, en la fase de conceptualización.



Y ahora que ya sabemos sobre su trayectoria, como decimos en Doble Firma: ¡vamos al turrón! Durante su paso por Audemars Piguet, Emmanuel dejó una importante lista de piezas únicas y raras de la marca que son bastante desconocidas, pero muy interesantes.
Comenzamos con una serie de tres piezas únicas de Audemars Piguet realizadas en titanio sobre el modelo John Schaeffer, un material poco común en la marca y mucho menos en relojes de vestir. Estas unidades cuentan con un calibre repetición de minutos y un diámetro de 33 mm, con lo que os podréis imaginar que el sonido no es igual al de otras piezas.

Además, las tres piezas comparten caja y, en el dial, la subesfera de segundos a las 6. Sin embargo, cada una cuenta con un dial diferente. El primero y el segundo, con agujas más clásicas, cuentan con números romanos y una mezcla de índices y numerales Breguet a las 3, 9 y 12; mientras que la tercera unidad cuenta con un aspecto más deportivo, con agujas y numerales con material luminiscente.


Como curiosidad, se subastó una de estas tres piezas en 2020 por 37 500 francos suizos más premium y, tres años más tarde, se volvió a subastar alcanzando los 42 500 francos suizos más el premium; sin embargo, esta vez el reloj se encontraba para reparación, ya que tenía uno de los piñones rotos.
Seguramente os suene el Code 11.59 con esa complicación de horas satelitales, pues es una complicación de la marca muy característica y fue la elegida para realizar el Millenary Star Wheel (ref. 25898OR) para el 125.º aniversario de la marca,


Pero las auténticas locuras de la marca vienen ahora, el primero se trata de un reloj guante realizado por Emmanuel en 1995 en el que se mezclan la relojería con el trabajo en piel y la joyería.

Sin embargo, esta idea de reloj guante ya la habían explorado otras marcas como Cartier, pero el concepto de reloj pendiente jamás lo había visto antes. Y es que cambia bastante el modo en el que consultas la hora, ya que, para saberlo, necesitas que alguien te diga qué hora marcan tus… ¿pendientes? Sin embargo, la marca no terminó de producirlo y se quedó en fases iniciales.

Pero los que sí llegó a producir la marca como pieza única fueron dos relojes bastón, que contaban con gran sonería; es decir, sin que el usuario haga nada, el reloj toca las horas y los cuartos de hora de manera automática.
La primera unidad estaba más enfocada en ser una pieza tipo joya y la segunda en pasar totalmente desapercibida, ya que el reloj quedaba oculto. Pero ojo, porque guardaba otro secreto: además contaba con una espada.
No obstante, con conceptos de relojes inusuales no fue con lo único con lo que experimentó Emmanuel, ya que en la pasada Dubai Watch Week de 2025 pudimos ver un reloj de AP con una forma algo diferente a lo que solemos ver y con bastantes piedras; y es que el diseñador, durante los años 96 y 97, ejecutó una serie de tres relojes únicos basados en tres colores, y para ello utilizó muchísima pedrería de zafiros, esmeraldas y rubíes (como los Pokémon iniciales; seguramente Emmanuel estuvo dándole mucho a la Game Boy).
Lo curioso es que, para ser piezas únicas y encontrarse en la colección interna de la marca, uno de ellos se subastó en Christie’s.


Y esta misma idea de implementar zafiros, esmeraldas y rubíes para piezas únicas se la llevó a la colección Royal Oak, para realizar estos tres relojes en tantalio y oro amarillo y blanco, los cuales se vendieron en una sola caja.

Sin embargo, no era el primer intento de implementar piedras, ya que, al comienzo de su carrera, Emmanuel diseñó este Royal Oak del que solo se hicieron tres unidades: una en oro amarillo y otras dos en platino.

La idea era extender el dial hasta el bisel, para lo que se incluyeron nuevamente rubíes; pero, claro, ¿cómo se iba a mantener la coherencia entre el bisel y el dial si eran de materiales diferentes? Los rubíes con sus engastes generaban brillos que dificultaban la uniformidad entre bisel y dial, y Emmanuel decidió trasladar esos mismos brillos al dial: «si no puedes con tu enemigo, alíate». El resultado fue un dial con guilloché y unos índices de diamantes que produjeran también ciertos juegos con la luz, de modo que pareciera una extensión el uno del otro, no dos piezas por separado.
Ahora bien, en lo referente a piezas con engastes en el bisel, destacan estos dos relojes: el primero de pulsera y el segundo de bolsillo. Ambos cuentan con calendario completo y tienen la peculiaridad de ser piezas únicas que, además, no se vendían por separado, sino en una misma caja.

También con calendario encontramos este Royal Oak Offshore, que tiene una disposición de la fase lunar muy particular a las 3. En ella desaparece el típico disco con la luna para dar paso a una aguja que se desliza por los diferentes estados de nuestro satélite.
Además, Emmanuel, en su paso por AP, tuvo tiempo de trabajar con otros diseñadores y artistas, lo que se tradujo en piezas aún más raras e interesantes.
La primera que vamos a ver es este reloj que muestra un dial entre grabado y esqueletado, ya que permite ver el calibre y, a su vez, muestra una imagen fácilmente reconocible de un paisaje urbano con un coche y palmeras, realizado por Olivier Vaucher. En este caso no se trata de una pieza única, pero al ser un grabado a mano, realmente cada unidad es distinta de las demás producidas.

Y, por último, cerramos con una colaboración con Jacqueline Dimier, una importante diseñadora de Audemars Piguet. Ella ejecutó el brazalete que Emmanuel había diseñado en la escuela de diseño cuando aún era estudiante, y que le sirvió para entrar en la marca e impulsar su carrera. No sé si es uno de los diseños que consideras más bonitos o importantes, pero desde luego sí que lo es para Gueit.

Ahora imaginad que todos estos relojes fueran estéticamente feos; es decir, tendríamos una serie de relojes únicos, con una técnica excepcional, pero con un mal diseño en lo referente a la estética. Serían piezas que podrían plantearse como anecdóticas, pero que estarían destinadas a caer en el olvido y, por consiguiente, a fracasar.
Así que tan importante como la técnica es el diseño y, respondiendo a la pregunta inicial, el sentido que realmente destaca para disfrutar de esta afición es la vista; sobre ella recae directamente el diseño.
Muchas gracias a Emmanuel por enseñarnos estas piezas y cedernos algunas de las imágenes para el artículo.




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