Junto con la repetición de minutos, el calendario perpetuo es, en mi opinión, una de las máximas complicaciones en relojería. Nuestra gestión del paso del tiempo se basa en el calendario gregoriano: todo un compendio de datos que incluye días de 24 horas, semanas de siete días, fases de luna en un ciclo de 29,5 días, ciclos de tres años «normales» y uno bisiesto con el fin de compensar la «realidad» con los 365 días que contamos anualmente… Todo esto lo metemos en un reloj y, al igual que un mago saca de su chistera un conejo, los grandes maestros relojeros, en un asombroso gesto de genialidad, sacan un calendario perpetuo. Bueno, «perpetuo» en realidad hasta el año 2100. Ese año debería ser bisiesto, ya que es múltiplo de cuatro; pero, en las centenas, además debe ser múltiplo de cuatrocientos, por lo que no lo es. Esto significa que el reloj deberá ser corregido en el servicio oficial. En fin, que ya podéis solicitar la cita con el taller, porque ese año promete ser muy atareado para los relojeros.
El calendario perpetuo para mí es magia pura. Poder realizar un mecanismo que, con ruedas, camas, levas, palancas y muelles, pueda tener en cuenta todos esos aspectos y lograr que el calendario muestre los datos de forma precisa según pasan los días, tiene un toque, sin duda, mágico. Aunque magia no hay; se trata de muchas matemáticas, cálculos y una gran astucia técnica para llevar a cabo semejantes mecanismos. En cuanto a relojes de muñeca, el primero en lograr esta proeza fue Patek Philippe en 1925, seguido por Breguet en 1929 y, por supuesto, antes de estos los hubo en relojes de bolsillo, entre otros, pues en todo hay precursores.


Explicar el funcionamiento de estos relojes sería muy complicado; además, en la magia no siempre queremos saber todos los trucos, ¿verdad? Si no, ¿dónde quedarían entonces la gracia y el asombro? Podemos, en cambio, comentar algunas de las bases sobre las que se asienta la construcción de un calendario perpetuo.
Para medir todos estos fenómenos hay que empezar por lo más grande, en este caso los años bisiestos. Estos constituyen la base del cálculo de los días del mes de febrero –es decir, 28 o 29 días–, lo que determina todos los saltos del resto. Si no se identifica este ciclo, no se podrá calcular como es debido el salto de calendario cada fin de mes. Los calendarios perpetuos tienen tres formas de encararlo:
- Una leva de 48 meses que contiene el ciclo completo de 4 años de 12 meses, uno de los cuales será el año bisiesto. Esta leva realiza un giro completo cada 4 años.
- Una leva de 12 meses, que realiza un giro completo en un año. Necesita, por tanto, una rueda auxiliar que identifique el año bisiesto y que completa su ciclo en 4 años.
- Una leva de 12 meses que integra, en lo que sería el mes de febrero, otra leva basada en una cruz de Malta para manejar ese mes. Esta leva tendría tres caras iguales, para cuando febrero tiene 28 días, y una cara más larga, para contar los 29 días en un año bisiesto.
Estéticamente, no siempre es posible distinguir estos tres sistemas desde la esfera. Algunos relojes, por ejemplo, indican los 48 meses, identificando los 12 que corresponden al año bisiesto, aunque no siempre es así.
La energía se toma de la rueda de las horas, por lo que es la misma que genera el propio reloj. La rueda de horas (una vuelta cada 12 horas) engrana con una de 24 horas, gestionando el día completo. Por ahí tenemos también la «estrella» con sus 7 puntas para los días de la semana y el disco de fases de la Luna con sus 59 dientes, en fin, piezas distribuidas por todo el mecanismo y que tienen que moverse acompasadas, pero eso sí, cada una a su velocidad. Para unir todo esto, tenemos la llamada «gran palanca», que actúa como el maestro de orquesta. Esta es accionada por la leva de 48 o de 12 meses que mencionamos antes. Las levas tienen hendiduras en su circunferencia, cuya profundidad depende de la duración de cada mes, sobre las que se desliza el «dedo» (o palpador) de la gran palanca. Las muescas son más profundas para los meses de 28 días y más superficiales para los de 31. De esta manera, la gran palanca entra con más o menos profundidad y, con ello, arrastra y actualiza los demás discos según corresponda.
Para liar un poco más la cosa, tenemos la pregunta de cómo se gestiona el salto del calendario cada fin de mes. Básicamente, hay dos sistemas: unas marcas consideran meses siempre de 28 días y agregan días según indique la leva de los meses para los que tienen 29, 30 o 31 días. En cambio, la otra manera es considerar meses siempre de 31 días y descontar días si el mes tiene menos. Cada sistema tiene su lógica y, por supuesto, su complicación; lo importante es que, al final, el resultado sea el mismo: que la ventana de los días y la de los meses indiquen el inicio de este correctamente..
Intentemos seguir la evolución de estos sistemas según las marcas los han ido mejorando. Todo ese uso de palancas, levas y muelles dificulta la fabricación de estos mecanismos, además de aumentar su tamaño. En 1985, el gran relojero Kurt Klaus crea en IWC el calendario perpetuo Da Vinci, reduciendo al máximo las palancas correctoras y componentes, para simplificar el sistema y hacerlo más compacto. La gran palanca pasa a estar ubicada a un lado, más pequeña y con forma circular, trabajando de manera más eficiente con la leva de 48 meses. Gracias al espacio ganado, pudo agregar un display de los años con 4 dígitos, gestionando sus saltos a través de 2 discos concéntricos, para decenas y unidades, y otro plano que se desliza horizontalmente, para las centenas. Como todos los discos de calendario están engranados, la energía necesaria para hacerlos saltar a la vez a medianoche es muy alta; para solucionarlo, el calibre cuenta con una leva de 24 horas con un muelle en forma de caracol que va enrollándose y, por tanto, cargándose de energía; esta se libera al llegar a su tope, impulsando con toda su fuerza el trinquete de avance, que actualiza el calendario. Al tratarse fundamentalmente de engranajes, el sistema puede ser corregido desde la corona, sin necesidad de pulsadores. En cambio, no permite su corrección hacia atrás, solo hacia adelante. En caso de error, debe ser llevado al taller para su intervención.




Tuvimos que esperar hasta 1996 para que Ulysse Nardin, de la mano de Ludwig Oechslin, crease un calendario perpetuo que, por primera vez, permitía la corrección por la corona de forma bidireccional. En su desarrollo, eliminó todas las palancas y correctores, especialmente la gran palanca, uniendo todo a través de engranajes. Solución que vuelve el mecanismo más «sencillo», aunque entraña una gran dificultad técnica para lograrlo, cosa que la marca resolvió de forma admirable.

Hasta aquí ya llegamos con los calibres bastante avanzados y simplificados (aunque de simples no tengan nada). Sin embargo, siempre se puede ir un poco más lejos; por eso H. Moser & Cie. introdujo en 2006 su propio calendario perpetuo, diseñado por Andreas Strehler. Este tenía tres particularidades muy interesantes, resueltas de manera ingeniosa: una gran fecha con ventana a las 3 horas en la esfera, gestionada mediante dos discos de calendario superpuestos –el superior con una apertura que permite ver los números del inferior cuando corresponde–. El superior se encarga de mostrar los números del 1 al 15 y el inferior, del 16 al 31. Así se logra una gran fecha de 34 milímetros, además del salto de fecha instantáneo, con independencia de que a fin de mes salte 1, 2 o 3 días, según requiera el mes en cuestión. El segundo aspecto interesante es la acumulación de energía para el salto de fecha; se trata de un muelle real que acumula energía durante el día y que se libera justo a medianoche para impulsar el disco de fecha de manera instantánea y sin alterar la energía del resto del reloj. El tercer aspecto diferencial es la pequeña aguja central en la esfera, que representa los meses del año. Un cambio importante en la construcción de este calibre que han sabido solucionar a través de un engranaje de estrella de 12 puntas. Finalmente, este calibre también permite una corrección bidireccional a través de la corona.

Si habéis llegado hasta aquí, podemos hacer un pequeño esfuerzo más con dos modelos muy interesantes y con esto prometo que acabo.
Estamos ya en 2015, cuando MB&F presenta su versión del calendario perpetuo, creada por Stephen McDonnell. Con la gran palanca fuera de escena, la innovación pasa por su sustitución por un «procesador mecánico», que le valió el Grand Prix d’Horlogerie de Genève en 2016. El sistema asume que cada mes tiene veintiocho días y agrega más según sea el mes identificado por el sistema. La clave está en la seguridad total que el mecanismo ofrece en cuanto a los ajustes manuales. Los pulsadores correctores se desconectan durante el cambio de fecha (cerca de medianoche) para evitar así que cualquier manipulación de ellos provoque alguna rotura en un momento tan sensible de su funcionamiento. Otra peculiaridad es que cuenta con un corrector para el año bisiesto, sin necesidad de pasar por 47 meses, como en otros sistemas.

Llegamos a 2025, cuando Audemars Piguet presentó su nuevo calibre 7138. Hasta ese momento, AP utilizaba un sistema de módulo para sus calendarios perpetuos. El nuevo calibre ha sido rediseñado desde el inicio, incluyendo las funciones del calendario en el propio mecanismo del reloj. De esta manera logra un tamaño más reducido, que permite un reloj final más estilizado. El sistema de corrección es íntegramente por la corona, bidireccional, y está desarrollado para ser muy sencillo para el usuario y extremadamente seguro. Una curiosidad es su sistema de fecha en el cual la rueda tiene sus 31 dientes personalizados, no idénticos, para lograr que la aguja indicadora esté centrada, con independencia de que la fecha tenga uno o dos dígitos.
Como sucedió en mi anterior artículo, tuve que seleccionar qué calibres comentar y cuáles, por tanto, dejar fuera. He intentado seguir una línea temporal de desarrollo, mencionando los que fueron marcando puntos especiales en la evolución de los calendarios perpetuos.
Quedaría como broche final el IWC Portugieser Eternal Calendar, que acaba con la necesidad de ser corregido por un relojero en el año 2100, ya que está programado para funcionar sin corrección hasta el año 3999. Así que ya sabéis: los que tengáis ocupado el año 2100 y no podáis pasar por el taller, este sería vuestro reloj. Al menos os daría 1899 años más para organizar vuestra agenda.








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