Greubel Forsey se encuentra en plena metamorfosis. Bajo la dirección de su CEO, Michel Nydegger, la firma de La Chaux-de-Fonds está redefiniendo su hoja de ruta: un regreso a las producciones de volumen muy reducido, precios elevados y una obsesión renovada por la ergonomía. Si el año pasado nos despedíamos del Balancier Contemporain, hoy le toca el turno al Balancier Convexe S², el modelo que desde 2021 ha representado la cara más audaz y deportiva de la marca.
Geometría al servicio de la muñeca
Lo que hace especial al Convexe S² no es solo su mecánica, sino su arquitectura. Su caja de geometría variable (41,5 mm en la carrura y 44 mm en el bisel) cuenta con un cristal de zafiro curvo que abraza la muñeca de una forma casi orgánica. A pesar de su apariencia robusta y su estética que inevitablemente recuerda a la deportividad técnica de Richard Mille, el Balancier Convexe S² juega en otra liga en cuanto a ejecución manual.
En esta edición de despedida, la marca presenta dos variantes limitadas a solo 11 piezas cada una: una en cerámica blanca inmaculada y otra en cerámica negra con el bisel y el fondo en oro rosa de 18 quilates.
Ingeniería suspendida
Al observar la esfera, la mirada se detiene en el imponente puente de arco suspendido, una proeza de calado y pulido que sostiene las agujas de horas y minutos. Pero el verdadero protagonista es el sistema de volante de Greubel Forsey, inclinado a 30º, diseñado para optimizar la precisión cronométrica al compensar las variaciones causadas por la gravedad en las posiciones habituales de la muñeca.
En el apartado técnico, el calibre de cuerda manual late a 21.600 alternancias por hora y ofrece una reserva de marcha de 72 horas. Esta autonomía se logra gracias a dos barriletes coaxiales acoplados en serie, uno de los cuales está equipado con un muelle deslizante para evitar excesos de tensión durante el remonte.
El valor del detalle
Como es habitual en la casa, el nivel de acabados es superlativo. Hablamos de puentes de titanio con tratamiento blanco o negro (a juego con la caja), ángulos pulidos a mano, chatones de oro y rubíes olived-domed. Es aquí donde Greubel Forsey justifica su posición en la pirámide de la alta relojería: mientras otras marcas apuestan por la industrialización de materiales vanguardistas, ellos aplican las técnicas de decoración más tradicionales sobre estructuras de diseño futurista.
Esta despedida no es apta para todos los bolsillos, con un precio de 295 000 CHF, pero representa fielmente lo que la marca quiere ser a partir de ahora: una manufactura de nicho que no necesita gritar para demostrar su superioridad técnica. Con el Balancier Convexe S² saliendo de escena, queda esperar cuál será el próximo movimiento de una firma que, ahora más que nunca, parece haber recuperado su esencia más purista.









Deja una respuesta