Corum vuelve por sus fueros, aunque su actual –y reciente– CEO, Haso Mehmedovic, dice que no es así porque siempre estuvo ahí. Lo cierto es que la historia reciente de Corum ha sido cualquier cosa menos tranquila. Fundada por el relojero René Bannwart y su tío Gaston Ries en 1955 con la voluntad de innovar, se hizo notar casi de inmediato. Así, suyos son los diseños Chapeau Chinois, inspirado en el clásico sombrero de los campesinos chinos, o el Golden Tube, dotado de una caja tubular y un movimiento tipo LeCoultre 101. O el célebre Golden Bridge, presentado en 1980 de la mano del relojero independiente Vincent Calabrese.



Aunque tal vez por lo que sea más conocida es por sus Admiral. La relación de Corum con el mundo de la vela da comienzo en 1960, con la creación del modelo Admiral’s Cup, dedicado a la competición del mismo nombre que se celebró cada dos años entre 1957 y 1999. No eran los ahora típicos dodecagonales con banderitas que conocemos ahora, sino sobrios relojes cuadrados que, por cierto, eran sumergibles, adelantándose a los Monza de Heuer. Sería después cuando, junto a las cajas poligonales, llegarían las indicaciones de mareas y corrientes.

Cuadrados también son los Buckingham que, a diferencia de lo que pueda parecer, también fueron diseñados en los años 1960: relojes grandes para su época con unas líneas tremendamente actuales sesenta años después, lo que habla –y muy bien– del genio creativo de Bannwart. Lo anunció una estrella del béisbol de la época, Bob Feller. O el Romvlvs, que con los índices grabados en el bisel puede considerarse como predecesor del Bulgari-Bulgari (1977).


Mención aparte merecen el reloj moneda lanzado en 1964, con su movimiento ultrafino alojado dentro de una moneda de oro de 20 dólares o el reloj Feather, que presentaba una esfera compuesta por auténticas plumas de ave, algo que hoy nos puede parecer normal pero que en esa época era verdaderamente rompedor. Para el particular museo de Corum queda también el reloj Rolls Royce, que reproducía el radiador del coche homónimo, figurita incluida.



La saga de los Bannwart-Ries parece que termina en el año 2000, cuando Severin Wunderman, un visionario y genio creativo en el mundo de la relojería que había hecho su –enorme– fortuna con las licencias de Gucci para hacer relojes, compra Corum y, de la mano de Antonio Calce (contratado en 2005), el nómada de la industria, trae al mundo las colecciones Bubble y Trapéze, con un considerable éxito de ventas pero, sobre todo, de presencia mediática. Lamentablemente, Wunderman fallece en 2008 y el trust que maneja su herencia toma la decisión de deshacerse de la marca.

Cinco años después, justo el día de la inauguración de Baselworld 2013, se anuncia la compra de Corum por parte del grupo China Haidian (después conocido como Citychamp), distribuidor de Corum –entre otras– para Asia, que en 2011 también había adquirido Eterna. China Haidian dominaba por completo la gama baja de relojería en su área de influencia –básicamente China– y esta adquisición respondía al deseo de su máximo accionista de entrar en la relojería de lujo por la puerta grande. El nuevo propietario no solo mantuvo en la dirección a Antonio Calce, sino que también le nombró CEO de Eterna. Pero duró poco: un año después, en una acalorada reunión acaecida en el reservado del stand de Corum en Baselworld 2014, Calce fue fulminantemente despedido entre gritos en chino e inglés. Aunque fáciles de adivinar, no trascendieron los motivos, solo se sabe que eso marcó el inicio de una época de languidez y paulatina desaparición de Corum del mercado que Davide Traxler, el elegido para sustituir a Calce, no pudo atajar.


Por su parte, la división de Eterna, además de la comercialización de sus propios relojes, quiso retomar su legado de fabricante de calibres y anunció la puesta en marcha de una manufactura –Eterna Movement– cuya estrella fue el calibre 39XX, un movimiento automático de tres agujas modular que podía ir incorporando complicaciones y se ofrecía en una variedad de acabados estéticos (que, por cierto, conseguimos cien calibres 39 para uno de los proyectos del foro).

En ambos casos llegó a ponerse de manifiesto el enorme choque cultural Oriente-Occidente (y especialmente Suiza): cuando un inversor chino invierte su capital espera el retorno de inmediato, literal. Eso, y la incapacidad de los propietarios chinos de entender un mercado como el relojero en este lado del mundo, les llevó a contratar a europeos en todos los puestos de relevancia para tratar de enderezar el rumbo… mientras contaban los días. Concretamente, en Eterna desembarcó una tripulación de técnicos bosnios con sonoros apellidos comandados por un norteamericano. Pero la cosa tampoco funcionó, y poco antes de la irrupción de la pandemia –por si faltara algún ingrediente– se hizo el silencio quasi absoluto y ambas marcas dejaron de sonar en el panorama relojero, desapareciendo de las ferias del sector.
Hasta el año pasado. En mayo de 2025 se anunció un management buy-out liderado por Haso Mehmedovic (¿recuerdan los apellidos bosnios?), un relojero de 32 años que lleva, literalmente, media vida en Corum. Digo «liderado» cuando en realidad es la cara visible del grupo de inversores que ha puesto el dinero para hacerse con la marca y todos sus activos. Lo mejor: Corum vuelve a ser 100 % suiza, algo que sin duda incidirá positivamente en su futuro.

Tal como afirmaron entonces, en este 2026 presentan sus líneas maestras para ese retorno-que-no-lo-es: las colecciones Admiral y Golden Bridge rediseñadas, recuperar Coin –la moneda de 20 dólares– o el memorable Golden Book. Menos modelos, pero más potentes. Una distribución más selectiva y un retorno progresivo a la fabricación propia de movimientos, que, por cierto, ya ha empezado: el nuevo calibre de manufactura automático CO231 (CO232 si es esqueletizado), con 72 horas de reserva de marcha a 4 hercios, equipará precisamente a los Admiral.



Deja una respuesta