Más allá del Carrera o del Formula 1, uno de los modelos más conocidos de TAG Heuer es el Monaco, un modelo de los ahora llamados icónicos que ha trascendido no solo la crisis del cuarzo de los años setenta, sino que ha conseguido mantener una presencia mediática más o menos sostenida desde la recuperación de la industria suiza, gracias, en gran parte, a uno de los grandes hombres de esa legendaria época en el mundo de la relojería: Jack Heuer.

El legado de Jack Heuer y la obsesión por la diferencia
Además de su forma reconocible, el Mónaco ostenta la primicia de tener la primera caja cuadrada resistente al agua y, aunque la actual TAG Heuer prefiera omitirlo en aras de una supuesta manufactura «yo me lo hago todo», merece la pena recordar aquí que hubo una época en que los fabricantes de relojes producían herramientas (y no objetos de lujo), para lo cual buscaban a los mejores colaboradores-proveedores en cada ámbito.

A finales de 1967, a Jack Heuer se le había metido en la cabeza que quería algo diferente para poder lucir el que iba a ser el primer cronógrafo automático de la historia (con permiso de El Primero de Zenith… y de los 613X de Seiko) y pensó –ahora sabemos que acertadamente– en un reloj ¡cuadrado! que, además, y siguiendo la tendencia del momento, ofreciera resistencia al agua. Una idea original, pero con un talón de Aquiles importante: las formas con ángulos se llevan mal con la estanqueidad. En realidad, muy mal: la presión del agua siempre actúa de forma radial y uniforme, y solo una forma circular puede distribuir esa presión sin crear puntos débiles. Una caja cuadrada tiene esquinas, y las esquinas generan concentraciones de tensión, deformaciones no uniformes y pérdida de compresión en la junta, lo que hace muchísimo más difícil garantizar la hermeticidad.

El reto de la física: ¿por qué la geometría cuadrada odia la estanqueidad?
En un reloj con caja redonda, la tapa trasera y el cristal se deforman de manera isotrópica (igual en todas direcciones), predecible y controlada. La junta tórica (o-ring) mantiene una compresión constante en todo el perímetro y se adapta a las deformaciones elásticas sin perder estanqueidad. Es más, la deformación ayuda a sellar con más fuerza la junta. En una forma cuadrada, la presión se concentra en el centro de los lados y las esquinas tienden a abrirse o flexionar ligeramente, aunque apenas se deforman. La junta cuadrada pierde compresión en los lados largos y se sobrecarga en las esquinas, lo que genera fugas incluso con tolerancias mínimas.

Erwin Piquerez S. A. (EPSA): los arquitectos del diseño Compressor
¿Y qué proveedor sería capaz de solucionar semejante reto? Jack Heuer tuvo pocas dudas, básicamente porque solo había un fabricante con la capacidad y los conocimientos para enfrentarse a ello –bueno, y porque tenían ya una relación previa por los cronos Autavia 2446 y Carrera 2447–: Erwin Piquerez S. A. Más conocido por su acrónimo EPSA, aceptó el encargo de producir lo que con el tiempo se convertiría en un icono de Heuer primero y de TAG Heuer después: la primera caja cuadrada resistente al agua para un cronógrafo. EPSA ya era conocida entonces por sus Compressor (para relojes de tres agujas) y Super Compressor (para cronógrafos, siempre de forma redonda), una especialización nacida a raíz del éxito del «buceo recreativo» surgido en los años cincuenta y un poco a remolque de las cajas Oyster de Rolex. EPSA, además, ya había experimentado con algunas cajas de forma tonneau (tonel), lo que se podría considerar un paso previo a la caja cuadrada. Los Autavia 2446 y Carrera 2447 montaban la caja Compressor.

Mecanizado multieje y junta de sección elíptica
La solución aportada por EPSA fue una caja monobloque con tolerancias mucho más exigentes que las conocidas hasta entonces en el fresado de cajas. Para empezar, una caja redonda se puede fresar en un simple torno, mientras que para hacer una caja cuadrada se necesita hacerlo en varios ejes. Además, los lados deben ser perfectamente paralelos y cada esquina perfectamente ortogonal. La desviación de medidas debía ser inferior a la centésima de milímetro. La junta no podía colocarse sin más sobre un rebaje de la tapa. Lo que hizo EPSA fue mecanizar una caja de una sola pieza con un canal perimetral donde se alojaría una junta de sección elíptica que, además de comprimirse contra la tapa, lo haría contra las paredes laterales.

El principio de flexión controlada bajo presión
La tapa trasera del Monaco no es plana: EPSA la diseñó para flexionar ligeramente bajo presión. Esa flexión empujaba la junta hacia el asiento y aumentaba la compresión, reproduciendo así el principio Compressor. El cristal acrílico, ligeramente abombado para soportar mejor la presión, también flexionaba. Insertado a presión, con un bisel interior mecanizado (y sin bisel exterior para evitar fugas), transmitía parte de la presión al asiento de la junta. Una solución única en 1969 y una rareza técnica aún hoy día (entiéndanse aquí las diferentes acepciones de «presión»). Puede que 100 metros de resistencia al agua en una caja cuadrada nos puedan parecer poco en la actualidad, pero en 1969 fue un verdadero hito.

El monopolio del Mónaco frente a los cronógrafos cuadrados modernos
Si lo pensamos, no es de extrañar que la actual TAG Heuer presente con tanto orgullo las múltiples referencias con este nombre: se cuentan con los dedos de una mano los cronógrafos cuadrados «water-resist» desde entonces. Hamilton sacó su Fontainebleau simultáneamente al Monaco, aunque no era cuadrado del todo, y tenemos que entrar bien entrados en el siglo XXI para encontrar los JLC Squadra, los Hublot Square Bang, los Glashütte Original Seventies Chronograph Panorama Date o los Bell & Ross BR-05. Pero está por ver si resistirán tan bien el paso del tiempo.



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