El 26 de junio de 1801 –el 7 de Mesidor del año IX en el calendario republicano francés, para los puristas– Abraham-Louis Breguet registró la patente del regulador de tourbillon. 225 años después, la manufactura de la Place Vendôme lo celebra con cuatro referencias que son, en realidad, cuatro formas distintas de leer ese legado. Una mira hacia el pasado con honestidad. Otra lleva la complicación a territorio desconocido. Una tercera celebra la ingeniería pura. Y la cuarta es la más compleja –y la más divisiva– de las cuatro.
Classique Tourbillon 7357: el calibre que vuelve
Para quien sigue la marca de cerca, este es el titular real del anuncio. La referencia 7357 está impulsada por el calibre 187B, una versión optimizada del histórico calibre 558, el movimiento que en 1989 equipó la referencia 3350: el primer tourbillon de pulsera de la Breguet moderna, y que estuvo bajo la dirección técnica del maestro independiente Daniel Roth.
El 187B es de carga manual, como el 558 original. Mantiene la frecuencia histórica de 2,5 Hz (18 000 a/h), la misma que utilizaba el propio Abraham-Louis Breguet. No es una concesión a la nostalgia: es una elección técnica deliberada. Las mejoras son reales: reserva de marcha ampliada a 60 horas, espiral Nivachron y paletas de silicio para inmunidad magnética. Las agujas son de oro, no de acero, precisamente para no interferir magnéticamente con el movimiento.
Disponible en oro especial Breguet y en platino. Las dimensiones merecen especial atención: 35 mm de diámetro, 9,2 mm de grosor y 43 mm de longitud de asa a asa.


En un mercado donde los relojes de gran complicación llevan años creciendo en diámetro hasta el absurdo, volver a los 35 mm es un golpe de sensatez. Más compacto y delgado que sus predecesores de los 90. La esfera ha evolucionado respecto a versiones históricas: las inscripciones ya no se graban directamente sobre el metal, sino mediante cartouches impresas con el nombre de la firma y el número de serie individual. Guilloché a mano sobre tornos tradicionales –Clous de Paris en el anillo de horas y barleycorn en el contorno–, irradiando de forma concéntrica desde el tourbillon de un minuto a las 6.
Haberlo recuperado en lugar de optar por un automático contemporáneo de gran producción dice mucho sobre la dirección de este lanzamiento. No es una decisión comercialmente obvia. Es una declaración de dónde quiere situarse Breguet con este aniversario.
Classique Tourbillon Sidéral 7255: el tourbillon que flota
La referencia 7255 es la segunda expresión del primer tourbillon volante que Breguet presentó en 2025 con motivo de su 250 aniversario. Para esta versión, la caja es de platino 950, 38 mm de diámetro, con esfera de esmalte grand feu y aventurina negra; la elección cromática refuerza la herencia astronómica del modelo. Se trata de una edición limitada a 50 piezas.


El tourbillon volante elimina el puente superior de la jaula, generando la ilusión de que el mecanismo flota sobre la esfera. Para conseguirlo completamente, Breguet ha fabricado los engranajes que conectan la jaula con el resto del movimiento en cristal de zafiro antirreflectante, casi invisibles a simple vista. El resultado es una construcción misteriosa, una solución que la firma no usaba desde hacía casi 20 años. El movimiento es de carga manual con 50 horas de reserva.

Es la pieza más ambiciosa técnicamente en términos de arquitectura visual. Y la que, en mi opinión, tiene la esfera más conseguida de las cuatro.
Tradition Tourbillon 7047: ingeniería visible, sin concesiones
La referencia 7047 es la que menos necesita explicación para quien conoce la línea Tradition. Arquitectura completamente expuesta, movimiento visible, y la combinación de dos de los mecanismos más exigentes de la alta relojería: el tourbillon y el sistema de transmisión por huso y cadena –un mecanismo concebido para ofrecer fuerza constante durante toda la reserva de marcha, compensando la caída de tensión del muelle a medida que se va descargando.


La novedad en esta versión es el acabado Bleu de France, que Breguet reserva únicamente para sus piezas más especiales. Edición limitada a 25 piezas en platino 950, con caja de 43,9 mm. Para quien quiere ver exactamente cómo funciona lo que lleva en la muñeca, esta es la referencia del aniversario.
Marine Tourbillon Équation Marchante 5887: la pieza más compleja
La referencia 5887 es la más complicada de las cuatro –y la que más va a dividir opiniones–. Breguet saca el tourbillon de su contexto habitual y lo lleva a su línea náutica, combinándolo con otras dos funciones: calendario perpetuo y ecuación del tiempo en marcha. Esta última permite leer de forma simultánea la hora solar verdadera y la hora media civil mediante una aguja adicional de cristal con motivo solar en oro. Las 25 unidades son personalizables: la configuración astronómica de la esfera puede elegirla cada propietario, convirtiendo cada pieza en única.


La esfera merece explicación aparte. Es de zafiro transparente combinada con una miniatura pintada a mano en esmalte grand feu traslúcido en el reverso, recreando el cielo de París la noche del 26 de junio de 1801 –la fecha exacta de la patente–. La luminiscencia hace que cobre vida en la oscuridad. El fondo de la caja lleva un grabado manual del navío del siglo XVIII Royal Louis sobre océanos en oro Breguet. Caja de platino 950, 43,9 mm.

Visualmente es espectacular. Si encaja con la filosofía del tourbillon clásico es una conversación que me parece legítima tener –y que probablemente tendrá el coleccionista antes de decidir–. Lo que no se puede discutir es el nivel de ejecución.
Por qué este lanzamiento importa
Cuatro referencias, cuatro lecturas distintas de la misma patente. Una vuelve al origen con el calibre 187B y los 35 mm. Otra explora lo que el tourbillon puede ser visualmente. La tercera muestra la mecánica sin filtros. Y la cuarta acumula complicaciones hasta el límite de lo razonable.
Lo que me parece más interesante no es ningún reloj en particular, sino la señal que manda el conjunto. Breguet lleva años en tensión entre su legado histórico y la necesidad de hablarle a un público nuevo. Con este aniversario, han decidido que esa tensión no tiene que resolverse: se puede honrar el pasado y explorar territorio nuevo al mismo tiempo. Que lo hayan hecho con cuatro referencias tan distintas entre sí es, en mi opinión, la decisión más inteligente de las cuatro.


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