Pocas manufacturas del Jura suizo tienen un linaje tan ligado a los orígenes del cronógrafo moderno como Gallet. Fundada en 1826 en La Chaux-de-Fonds, la firma nunca se orientó al ornamento de salón. Sincronizó el primer vuelo motorizado de los hermanos Wright en 1903. Cronometró las pruebas automovilísticas de la Springfield Mile de la mano de Rex Mays. Cabinas de vuelo sin presurizar, puentes de mando marítimos, fosos de carreras: ahí vivían sus instrumentos.
Ahora, en su bicentenario (1826-2026), Gallet vuelve integrada plenamente en la estructura industrial de Breitling, en Grenchen. La firma relanza su catálogo con la colección Flying Officer como buque insignia de acceso, y corona el aniversario con la cápsula Gallet Classics de calibre B09 y cuerda manual, tres piezas en 38 mm que sí aspiran a la alta relojería. Sin licencia decorativa, sin rescate de catálogo forzado.
La House of Brands de Grenchen
Bajo Georges Kern, Breitling ha construido una «House of Brands» donde conviven Breitling, la recién recuperada Universal Genève y ahora Gallet, con Erwan Rossignol al frente de la dirección general.
Para el coleccionista, esto resuelve la duda que planea sobre cualquier marca resucitada: ¿quién da soporte técnico dentro de diez años? Cada reloj de la nueva Gallet se beneficia de la capacidad productiva y la red logística de Grenchen, en lugar de depender de subcontratación de procedencia incierta. El catálogo se estructura en dos niveles: una línea central con calibres automáticos de base Sellita, y una cápsula conmemorativa con el calibre de manufactura de cuerda manual B09 de Breitling —el mismo movimiento cuya arquitectura ya analizamos en el Navitimer B09 Tribute to Miles Davis—.
Flying Officer: el cronógrafo de vuelos intercontinentales, actualizado
El Flying Officer es el corazón conceptual de este relanzamiento. Presentado en 1939 para asistir a los pilotos de las primeras rutas comerciales transoceánicas, permitía calcular la hora en las escalas de repostaje mediante un bisel giratorio con ciudades del mundo. Harry S. Truman llegó a describirlo como una de las piezas más sofisticadas que había usado.



La versión contemporánea llega en caja de acero de 40 mm —una cota comedida, lejos de la hipertrofia dimensional de la década pasada—, con el bisel recalculado a 24 destinos que mezclan nodos aéreos tradicionales con enclaves de exploración remota. De las dos variantes, el acabado que más me llama la atención es el dial naranja de la Automatic, que recupera la pátina del radio y el tritio envejecidos de finales de los años 30:
- Flying Officer Chronograph 40. Calibre Gallet 23 (base Sellita SW510 modificada), automático, 28 800 a/h y 62 horas de reserva, en esfera azul claro con subesferas al tono o en negro monocromático, más austero y fiel al espíritu instrumental.
- Flying Officer Automatic 40. Prescinde de los pulsadores de cronometría para un perfil más estilizado —tres agujas, calibre Gallet 17 sobre base Sellita SW200, 41 horas de reserva—, con acabados en negro, azul o el naranja histórico ya mencionado.
Ambas variantes comparten el cambio rápido de correa sin herramientas, para alternar entre brazalete de acero, caucho técnico y correas textiles de campo.
Multichron Pilot y Multichron Sport: la herramienta profesional de los 60 y 70
Junto a la vertiente aeronáutica, la familia Multichron recupera la aportación de Gallet a los cronógrafos profesionales de mediados del siglo XX, cuando la instrumentación mecánica no toleraba errores:
- Multichron Pilot. Diámetro de 42 mm de la referencia de 1969, bisel giratorio bidireccional y escala telemétrica en el perímetro de la esfera. Calibre Gallet 23 con fecha a las 6, en negro con registros blancos tipo «panda invertido» o en azul marino con subesferas negras.
- Multichron Sport. Más contenido, en 41 mm, con raíces en el Multichron 12 Scientific de los sesenta. Mismo calibre Gallet 23, con acentos en naranja vivo en las agujas de cronógrafo sobre esferas azul oscuro o negro/blanco, en una estética ligada al automovilismo de competición previo a la era digital.



Gallet Classics: la cápsula B09 del bicentenario
Si la colección regular resuelve el acceso a la marca con mecánicas industriales solventes, la serie Gallet Classics es la que realmente va a interesar al coleccionista serio.

Para conmemorar los 200 años, Gallet ha desarrollado un trío de cronógrafos que renuncian al rotor automático en favor de la cuerda manual pura. El motor es el calibre B09 de Breitling: rueda de pilares, embrague vertical, 70 horas de reserva, sin masa oscilante que estorbe la vista del cronógrafo por el fondo de zafiro.
La caja es de 38 mm —la proporción que definió la cronometría de mediados del siglo XX, antes de inflar los diámetros—. De los tres tributos, el que más me interesa es el Tribute to Multichron Yachting Big Eye, aunque los tres comparten el mismo nivel de ambición:
- Tribute to Multichron Yachting Big Eye. Recrea el cronógrafo de regatas de los años 60: subesfera de conteo regresivo sobredimensionada —el «Big Eye»— a las 3 horas, dividida en sectores azul marino y rojo, sobre esfera blanca monocromática.
- Tribute to Multichron 45. Pensado originalmente para cronometrar intervalos críticos en vuelos nocturnos y carreras de resistencia, con esfera negra profunda antirreflectante y tipografía técnica austera.
- Tribute to Silverlight. Basado en el Multichron Navigator de archivo, con marcaciones para orientación azimutal hacia el norte verdadero y esfera plateada con numerales arábigos estilizados.
Las tres referencias prescinden del brazalete metálico: solo correas de cuero y textiles técnicos de desenganche rápido. Es coherente con lo que son: piezas de colección puristas, no relojes de uso diario pensados para todo tipo de contexto.
Lo que confirma el relanzamiento de Gallet
Lo que más me convence de este regreso es la honestidad con la que se ha segmentado la oferta: la línea regular usa arquitectura Sellita sin disfrazarla de manufactura propia, mientras que la alta relojería real —rueda de pilares, cuerda manual— se reserva para las tres piezas del bicentenario. El Flying Officer, además, recupera una complicación de hora mundial ligada a las primeras rutas comerciales aéreas, un capítulo que Gallet vivió en primera persona. Es una decisión de producto que respeta al comprador en cada nivel de precio, poco habitual en los relanzamientos patrimoniales del sector.
Gallet no vuelve para competir en el terreno del lujo. Doscientos años de trayectoria instrumental pesan, y respaldarlos ahora con la solvencia industrial de Breitling marca la diferencia entre este regreso y tantos otros que se quedan en el anuncio de prensa. Quien quiera repasar el catálogo completo —Flying Officer, Multichron y la cápsula Gallet Classics— puede consultar la gama completa de Gallet.


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