Un reloj de cuarzo con una estética poco convencional, el Jacob & Co. Five Time Zone, se convirtió en uno de los grandes símbolos del hiphop y revolucionó la relojería. Pero no por su complejidad mecánica, sino por demostrar que el prestigio de un reloj también podía construirse fuera de las manufacturas tradicionales.
Lo interesante es que aquella historia no terminó con Jacob & Co. Unos años después, manufacturas como Audemars Piguet y Richard Mille comenzaron a desarrollar colaboraciones con algunos de esos mismos músicos, hasta convertir una relación que inicialmente podía parecer extraña en algo relativamente habitual dentro de la industria.
El Madison Square Garden de 2003: Jay-Z y el Five Time Zone
En noviembre de 2003, Jay-Z ofreció un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York para celebrar su anunciada retirada de la música. Sobre el escenario aparecieron algunos de los artistas más importantes del momento, como Beyoncé, Pharrell Williams o Missy Elliott. Era uno de los grandes acontecimientos del hiphop de aquel año y, aunque entonces nadie podía saberlo, también acabaría siendo un pequeño capítulo de la historia de la relojería.
Y es que aquella noche Jay-Z llevaba un reloj bastante peculiar. Un modelo de cuarzo, de dimensiones generosas y un diseño que difícilmente habría conquistado a los aficionados más tradicionales de la relojería suiza. Es decir, un Jacob & Co. Five Time Zone.


Un reloj cuya importancia no estaba tanto en su complejidad técnica como en quién lo llevaba puesto. Y, sobre todo, en lo que representaba para toda una generación de artistas que estaban cambiando su relación con el lujo.
Jacob Arabo y el distrito de los diamantes de Nueva York
Pero para entender cómo un reloj de cuarzo pudo contribuir a semejante transformación, tenemos que retroceder unos cuantos años, ya que la historia comienza con Jacob Arabo, un joyero que se estableció en la famosa calle 47 de Manhattan, en pleno distrito de los diamantes de Nueva York. Un lugar donde la joyería era un negocio importante, aunque lo que terminaría diferenciándole de otros profesionales no fue únicamente su habilidad trabajando con piedras preciosas, sino su capacidad para comprender a una nueva generación de clientes.

Durante los años noventa, el hiphop estaba experimentando una transformación profunda. Algunos de sus artistas más importantes habían dejado de ser solamente músicos para convertirse en empresarios capaces de construir auténticos negocios millonarios.
Y con ese crecimiento económico llegó también una nueva relación con el lujo. Los diamantes, las cadenas de oro, los coches y, por supuesto, los relojes se convirtieron en parte de un lenguaje visual que permitía expresar el éxito. Algo que, por otra parte, no era completamente nuevo. La diferencia estaba en que aquella generación quería utilizar sus propios códigos estéticos. Jacob entendió que no necesitaba convencer a estos clientes de adoptar las convenciones del lujo tradicional. Podía ofrecerles algo diferente, un tipo de lujo que hablara su mismo idioma.
Una de las relaciones más importantes de aquellos años fue la que mantuvo con The Notorious B.I.G., por cierto, uno de mis raperos favoritos. Su cercanía con el artista contribuyó a consolidar una reputación que trascendía las joyerías de Manhattan. De hecho, en 1999, The New York Times ya describía a Arabo como una especie de Harry Winston del hiphop.

Y aquí aparece una de las claves de esta historia: Jacob consiguió que su nombre tuviera valor dentro de una cultura antes de alcanzar un reconocimiento comparable en el mundo de la relojería tradicional.
La revolución estética del Jacob & Co. Five Time Zone
Y… ¿cómo consiguió esto? En 2002, Jacob & Co. presentó su primera colección de relojes; así nació el Jacob & Co. Five Time Zone. Su esfera incorporaba cuatro subesferas de colores que mostraban simultáneamente la hora de Nueva York, Los Ángeles, París y Tokio, mientras que las agujas centrales permitían consultar una quinta zona horaria.
Todo ello mediante movimientos de cuarzo, sin recurrir a ninguna de las complicaciones mecánicas que tradicionalmente habían caracterizado a los relojes de lujo. Pero ¿qué tenía de revolucionario todo aquello?
Desde un punto de vista estrictamente relojero, no demasiado. Los relojes capaces de mostrar varias zonas horarias existían desde hacía décadas y, evidentemente, tampoco era ninguna novedad decorar una caja con diamantes. La diferencia estaba en cómo se habían reunido todos esos elementos, porque el Five Time Zone no parecía diseñado pensando en el coleccionista tradicional. Era un reloj que encajaba con la estética de la música, la moda y la cultura urbana de principios de los años 2000. Los colores y las proporciones tenían sentido dentro de un universo donde las zapatillas, las prendas de vestir y las joyas formaban parte de una misma identidad visual. Y funcionó.
Pharrell Williams, Busta Rhymes y Sean Combs estuvieron entre sus compradores más conocidos. Pero el fenómeno también superó las fronteras del hiphop y llegó a personalidades como Naomi Campbell o Bono. El Jacob & Co. Five Time Zone terminó convirtiéndose en un símbolo de pertenencia a una determinada cultura de éxito.


Por eso resulta tan interesante recuperar aquella imagen de Jay-Z en el Madison Square Garden de 2003. El artista, que con el tiempo se convertiría en uno de los coleccionistas de relojes más reconocidos, había elegido precisamente aquel Jacob & Co. para una de las noches más importantes de su carrera.
De la calle a la alta relojería: Audemars Piguet y Jay-Z
La influencia cultural del hiphop sobre la relojería no comenzó con Jacob, y sería simplificar muchísimo, y casi sin sentido, decir que otras marcas se limitaron a copiar su estrategia.
Jay-Z, por ejemplo, ya era aficionado a Audemars Piguet mucho antes de desarrollar una colaboración con la manufactura; la relación entre determinados músicos y la relojería venía de años atrás. Pero lo que sucedió a mediados de los años 2000 demuestra hasta qué punto aquella relación estaba cambiando. Así, en abril de 2005, Audemars Piguet presentó una edición limitada del Royal Oak Offshore desarrollada junto a Jay-Z para celebrar sus diez años de carrera musical.

La colección estaba formada por solamente 100 piezas: 50 en acero, 30 en oro rosa y 20 en platino. El reloj conservaba buena parte de la identidad estética del Offshore, aunque incorporaba algunos elementos específicos, como el número diez realizado con diamantes en la esfera y una inscripción conmemorativa en la trasera.
Sin embargo, el detalle que más me llama la atención no está en el propio reloj, porque cada ejemplar se entregaba acompañado de un iPod de 40 GB firmado y cargado con la discografía del artista.

Este detalle puede parecer una curiosidad anecdótica, pero creo que merece la pena detenerse en lo que significaba. Una manufactura histórica estaba incorporando la música de un rapero como parte de la experiencia de adquirir uno de sus relojes más exclusivos.
Y no hablamos simplemente de contratar a un artista para protagonizar una campaña publicitaria. Jay-Z había participado en el desarrollo de una edición especial que combinaba elementos de la relojería tradicional con referencias directas a su trayectoria musical.
El músico dejaba de ser únicamente un cliente o una personalidad que aparecía fotografiada con un reloj. Esto, desde la perspectiva actual, puede parecer algo bastante normal, pero hace veinte años tenía un significado diferente.
El tourbillon espacial de Richard Mille y Pharrell Williams
Y la evolución de esta relación entre música y relojería puede apreciarse especialmente bien si avanzamos hasta 2019, cuando Richard Mille presentó el RM 52-05 Tourbillon Pharrell Williams. Este nuevo reloj era una pieza de alta relojería con una considerable complejidad técnica y artística, de las que suelen verse en algunas de las manufacturas históricas.

Su caja combinaba cermet marrón con Carbon TPT, mientras que en su interior encontramos un calibre mecánico de cuerda manual con tourbillon, construido sobre una platina de titanio de grado 5.

Pero lo verdaderamente curioso vuelve a estar en la relación entre el reloj y su creador, ya que Pharrell recurrió a una de sus fascinaciones infantiles, la exploración espacial, para imaginar una esfera que representa la Tierra vista desde Marte, reflejada en el visor de un astronauta. Una idea que Richard Mille trasladó a la relojería mediante técnicas de grabado, esmaltado y miniaturización, además de una construcción mecánica bastante elaborada.
Del Diamond District a la alta relojería: el legado del Five Time Zone
Y aunque, llegados a este punto, estamos ante dos relojes casi opuestos como el RM y el Five Time Zone, ambos comparten la clave de lo que he tratado de transmitiros en este artículo: los dos nacen de la relación entre la relojería y un universo cultural que va mucho más allá de los movimientos y las complicaciones. La colección actual de la marca puede consultarse en la web de Jacob & Co.
Richard Mille RM 52-05 Tourbillon Pharrell Williams
CajaCermet marrón; carrura de Carbon TPT®; corona inspirada en una cápsula espacial, con caucho que reproduce el perfil del neumático de un róver marciano.
EsferaLa Tierra vista desde Marte, reflejada en el casco de un astronauta; casco de titanio de grado 5 pintado a mano; Marte en oro rojo grabado con el Valles Marineris; esmalte con degradados del naranja al rojo y del azul al negro, cocido a 850 °C; dos elementos de oro blanco con un zafiro negro y dos diamantes; traje espacial de titanio de grado 5 pintado en blanco con aerógrafo.
MovimientoCalibre RM52-05; mecánico de cuerda manual con tourbillon; platina y puentes esqueletados de titanio de grado 5; inserciones de vidrio de aventurina azul.
FuncionesHoras y minutos; tourbillon.
EdiciónLimitada a 30 piezas.


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