Basilea, la tercera ciudad más poblada de Suiza, tras Zúrich y Ginebra, no es una ciudad relojera como esta última, La Chaux-de-Fonds o Bienne. Su relevancia en el mapa de las ferias se debe hoy a la industria farmacéutica y, mucho antes, a las ferias comerciales. Su fama como sede ferial se remonta a más de quinientos años: la primera cita tuvo lugar en 1471, año en que el emperador Federico III le concedió el derecho a celebrar ferias. Su ubicación a orillas del Rin, en el corazón de Europa y en el punto exacto donde convergen Suiza, Alemania y Francia, la convertía en un enclave perfecto para que los mercaderes transportaran sus mercancías.

La hoy fenecida Baselworld tiene –o tenía– un origen centenario. La historia comienza en 1917, cuando Suiza, neutral pero afectada económicamente por la Primera Guerra Mundial, decide crear una gran feria nacional para impulsar la industria y el comercio. Así nace la Schweizer Mustermesse Basel (MUBA), una feria generalista que reunía a fabricantes de todo el país para mostrar productos industriales, artesanales y de consumo. En esta primera edición ya existía una sección dedicada a la relojería y la joyería, aunque era minoritaria.


En 1931, dentro de la MUBA, se inaugura el primer salón específico de relojería: el Schweizer Uhrenmesse (en español: «feria de relojes suizos»). Este paso marca el inicio de una identidad propia para el sector dentro de la feria, pero no será hasta 1972 cuando se abra a expositores extranjeros, promocionándose como «Europe’s Meeting Place» y adoptando el nombre de Feria Europea de Relojería y Joyería (originalmente: Europäische Uhren- und Schmuckmesse).
En 1983 pasa a llamarse simplemente Basel, seguida del año (Basel 83, etc.). Tres años más tarde –después de la tormenta del cuarzo– se abre a expositores no europeos –o sea, japoneses–, consolidándose como la feria de referencia mundial gracias al resurgimiento de la relojería mecánica.

En 2003 adopta el nombre de Baselworld y, en 2010, el grupo semiestatal MCH –propietario de esta feria ya multimillonaria en ingresos– acomete la remodelación del recinto ferial con un espectacular –y caro– encargo al estudio de arquitectura Herzog & de Meuron que culminaría en 2013, coincidiendo con el máximo auge del certamen. Este éxito se prolongaría todavía algunos años más, llegando a convocar a más de 2000 expositores y 100 000 visitantes.

Lo que vino a continuación se suele conocer como «morir de éxito»: una actitud prepotente con los expositores –altísimas tarifas, listas de espera interminables– y con los visitantes –precios de hostelería rayanos en el abuso– se vio rematada por la negativa a reembolsar los adelantos que las marcas habían pagado a cuenta de la edición de 2020, que no se celebraría a causa de la pandemia de COVID-19.
Esta fue la gota que desbordó el vaso de las majors. Rolex, Patek Philippe y Chopard (el Swatch Group ya había cancelado su presencia anteriormente) anunciaron su salida y la creación de una feria alternativa… en Ginebra. Y ese fue el fin. Tampoco hubo feria en 2021, y en 2022 MCH anunció el final definitivo de Baselworld.

Desde 1991 ya existía en Ginebra una feria que, si bien era de relojería, mantenía un perfil muy distinto al de Basilea. El Salon International de la Haute Horlogerie (SIHH) era, en esencia, el salón del Grupo Richemont, un espacio donde solo se exponían sus marcas y al que solo asistían sus distribuidores y la prensa seleccionada por la propia organización.
En 2020 cambió su nombre a Watches and Wonders para abrirse a firmas ajenas al grupo, convirtiéndose en el interlocutor perfecto para las marcas que se habían quedado «huérfanas» tras el colapso de Basilea. La transición fue tan fluida que en 2022, en la primera edición post pandemia, Rolex y sus pares ya estaban instalados en el recinto de Palexpo, en Ginebra.

Por su parte, otro gigante del sector, el grupo LVMH (TAG Heuer, Bulgari, Hublot, Zenith, etc.), celebró en 2020 los primeros Geneva Watch Days, a los que invitó como miembros fundadores a antiguos «inquilinos» tanto de Baselworld como del propio SIHH: Breitling, De Bethune, Girard-Perregaux, H. Moser & Cie., MB&F, Ulysse Nardin y Urwerk.
Para evitar interferencias con otras convocatorias, los GWD se celebrarían durante los primeros días de septiembre; este 2026 alcanzará ya su séptima edición. Además, el propio grupo LVMH organiza sus propias jornadas exclusivas en distintas ubicaciones internacionales según la época del año. Este 2026 la sede ha sido Milán, justo antes del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno.

Pero la cosa no termina aquí, ni mucho menos. Históricamente, cuando solo existían los salones Baselworld y el SIHH, era una tradición no escrita que las marcas no admitidas en ellos –por capacidad o por protocolo, según el caso– se instalaran en los hoteles de la ciudad durante las mismas fechas para tratar de atraer a los visitantes de los eventos oficiales.
Así, hoteles como el Kempinski o el Beau-Rivage en Ginebra, o el Hyperion y el Plaza junto a la Messeplatz de Basilea, alquilaban sus suites a quienes no cabían en los recintos feriales. También era de dominio público que a los directivos de ambos salones no les hacía ninguna gracia que otros se aprovecharan de sus esfuerzos promocionales a cambio de nada (o, si acaso, a cambio de tener que compartir el tiempo de los visitantes, lo que no mejoraba la situación; más bien al contrario).

Baselworld no ha llegado a verlo, pero a Ginebra sí le han «crecido los enanos»: desde hace tres años se está consolidando Time to Watches –instalada, literalmente, a cuatro pasos del recinto de Watches and Wonders–, que ofrece a los expositores outsiders la posibilidad de salir de los hoteles (que cobran sus suites a precios de palacio imperial) y acercarlos al flujo principal de visitantes, tanto profesionales como particulares.

Y por si todo esto fuera poco, acaba de anunciarse para este año la inauguración de Chronopolis. Ubicado en Les Halles de l’Île, en pleno centro de Ginebra, este espacio albergará a habituales del Beau-Rivage como Atelier Wen, Nivada Grenchen o Studio Underd0g.
Probablemente sea esto lo que termine por decidir a Watches and Wonders (W&W) a abrir sus puertas –todavía más– a marcas que, inicialmente, no cuadraban con el concepto de «Haute Horlogerie» que dio origen al SIHH. Mientras tanto, este próximo abril, los integrantes de la «tribu de prensa» tendremos que planificar de forma muy meticulosa qué ver, incluyendo una ruta en el mapa de Ginebra durante lo que algunos se esfuerzan en bautizar como Geneva Watch Week (GWW) –¿lo pillan?–.


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