Rolex y Tudor: distanciamiento con esencia conjunta
Rolex es la marca número uno del mercado de relojes. En cuota de mercado, facturación y reconocimiento de marca. Su particular estructura empresarial le ha permitido escalar su facturación y focalizarse en conseguir una integración vertical sin comparaciones en la industria. Ha sido un ascenso progresivo y lento, del que ha derivado uno de sus mantras: «evolución sin revolución». En paralelo, hemos visto el desarrollo de la historia de Tudor. Nacida en 1926 –sí, este año es su centenario–, ha transitado distintas etapas con roles –que no Rolex– diferentes dentro del mercado. Su propuesta de valor original era la de ofrecer productos prácticamente sustitutivos a Rolex a un precio considerablemente inferior. Hoy en día, son dos marcas perfectamente complementarias, como se puede apreciar en las colecciones de muchos aficionados a la relojería. Veamos cuáles son los factores que diferencian a ambas marcas, y que permiten que convivan dada su distancia, pero esencia conjunta.
Los materiales
Esta es, probablemente, una de las mayores diferencias entre ambas marcas. El uso de materiales es la primera línea diferenciadora entre ambas. No solamente en precios, si no en selección. No es únicamente una cuestión de ver cuáles son los principales materiales en cada una de las marcas, si no que también es interesante profundizar en la interrelación de ambas en este campo.
En el caso de Rolex, sus principales materiales han sido, históricamente, el acero y los tres oros: blanco, rosa y amarillo. A estos hay que sumarles el uso del platino para piezas especiales, como el Cosmograph Daytona o el Day-Date con esfera ice blue. Por último, en años recientes ha introducido un nuevo material, el titanio. Este será un punto de conexión con Tudor. En este caso, sus materiales principales son el acero y el titanio, que usan en una proporción mucho mayor a Rolex. Además de estos dos, utilizan, en su línea Black Bay, dos materiales singulares: el bronce y la plata. Siendo el segundo más difícil de ver en relojería que el primero, cuesta pensar en Rolex utilizando cualquiera de los dos en el futuro próximo. Además de estos, Tudor ha explorado también cajas en un material difícil de trabajar y altamente técnico, como es la cerámica. Vemos ejemplos de su uso en relojes como el Black Bay Ceramic Blue. De una forma similar, y ligado a su participación en el deporte rey de la innovación en materiales, la Fórmula 1, encontramos en su catálogo una novedad de 2025 como el Black Bay Chrono Carbon 25, que introduce otro material en la marca: el carbono. Por último, en 2024 vimos una pieza especial en el catálogo, que aún se mantiene: el Black Bay 58 de oro amarillo 18 K. Sin duda, una pieza especial y que se enmarca en un catálogo muy homogéneo en precios como el outlier.


¿Cuál ha sido el papel del titanio como nexo? En ocasiones, y no solo en el campo de los materiales, hemos reconocido el patrón donde Tudor introduce novedades (diseños, materiales, funcionalidades) que, años después, vemos en Rolex. Este ha sido el caso del titanio. Mientras que en Tudor es parte del «día a día», solamente en dos piezas lo vemos aparecer en el catálogo de Rolex: el Deepsea Challenge y el Yatch-Master. El primero, una pieza concepto que demuestra el compromiso de Rolex de liderar las profundidades. El segundo, un reloj no tan comentado como escaso y técnico, con proporciones poco habituales en la marca –42 mm– y un origen marcado por la aparición de una pieza única años atrás en la muñeca de Sir Ben Ainslie en 2020. Así, identificamos cómo ha sido Tudor la que ha ganado en saber hacer tanto en producción como en la recepción por parte del mercado antes de que Rolex introdujera el material en su catálogo. Este formato complementario proviene de las diferentes estrategias de conformación de catálogo de cada una de las marcas.
Catálogo
¿A qué me refiero cuando hablo de «conformación de catálogo»? El catálogo de una marca es su presentación al mercado, y tiene varias dimensiones de complejidad. Cuántas colecciones tienes, cómo de distintas son entre ellas, qué tamaños trabajas, cuáles son tus colores principales, cuál es la duración media de una colección o pieza en catálogo, etcétera. En este ámbito, una vez más, observamos una esencia compartida pero distanciada entre Rolex y Tudor. Coinciden en varios aspectos, como la homogeneidad del diseño: son relojes reconocibles, con un claro hilo conductor y donde no tratan la variedad de diseños como una finalidad en sí misma, sino que priorizan el largo plazo y la cohesión entre sus modelos y colecciones. Sin embargo, comentemos las diferencias entre ambas.
En primer lugar, Tudor es una marca con menos colecciones –Black Bay, Pelagos, 1926, Ranger, Royal, Claire de Rose– que, a su vez, son menos longevas que las de Rolex –Submariner, Cosmograph Daytona, Datejust, Day-Date, Oyster Perpetual, 1908, Yatch-Master, Sea-Dweller, Land-Dweller, Sky-Dweller, GMT Master II, Air-King, Explorer, Lady-Datejust, Deepsea–. En Tudor, vemos un punto pivotal en el catálogo alrededor de 2012. En Rolex, la mayoría de las colecciones establecieron sus bases en los años 50, con fechas relevantes como 1953, 1954 y 1955. En segundo lugar, personalmente, pienso que las novedades de Tudor, mientras que son largoplacistas, buscan una contemporaneidad mayor que las de Rolex. Probablemente, esta impresión venga derivada de la total atemporalidad de los modelos presentados por la marca de la corona. Esto no quita que Rolex «se lo pase bien», aunque suelen «divertirse» en piezas de fuera de catálogo más que en el mismo, como las ediciones Puzzle o Rainbow. Tudor no tiene reparos en lanzar ediciones limitadas, colaboraciones, o piezas más «fugaces» dentro de su catálogo. Esto ayuda a la marca a mantenerse fresca, moderna y con una comunicación muy activa.
Precios
En el sector del lujo, el precio es un elemento contraintuitivo en relación a la demanda. Aun estando ambas marcas enmarcadas en este sector, sí que encontramos una diferencia de concepto que las divide. Mientras que Rolex es el reloj de lujo por antonomasia, y no por ello dejan de ser grandes herramientas y una de las marcas con mayor robustez mecánica que puedes encontrar, Tudor se presenta como una marca de «herramientas de lujo». De hecho, esta diferenciación existe desde el principio, aunque con diferentes puntos de partida.
Rolex comenzó siendo una herramienta de lujo. Relojes que, en su mayoría, terminaban en muñecas de personas que desarrollaban aquellas actividades para las que se había concebido la pieza –buceadores, pilotos, exploradores, etcétera–. Es decir: el concepto «coleccionista apasionado por los relojes» era mucho más escaso que en la actualidad. Además, en muchas ocasiones servían como reloj de dotación oficial para usos profesionales, principalmente en cuerpos militares. Esta propia función es la que Tudor comenzó cubriendo: uno de los grandes motivos de su proliferación como marca fue el de poder proveer a cuerpos y fuerzas profesionales de grandes relojes herramienta, fiables y robustos, a precios más bajos que los de Rolex. Hoy en día, ¿cuál es la situación?
Ambas siguen siendo marcas superlativamente robustas y precisas. Son piezas diseñadas y construidas para resistir variedad de situaciones y ambientes, y para seguir siendo usadas como herramientas profesionales. Sin embargo, la realidad del día a día de sus portadores ha cambiado radicalmente, junto al crecimiento de los dispositivos herramienta que incluyen tecnología informática, convirtiendo en testimonial el potencial profesional de un reloj herramienta. Esto es bien sabido por las marcas: todas han cambiado su estrategia y también han hecho evolucionar su producto. Rolex ha introducido eslabones pulidos, materiales de alta gama, varias colecciones de vestir –Cellini, 1908–. Repito, la mayoría de sus colecciones siguen siendo grandes herramientas: Submariner, Deepsea, Explorer, entre otras. En el caso de Tudor, siguen manteniendo ese balance, presentando novedades como el Pelagos Ultra, pero enfocando la comunicación alrededor de colecciones muy versátiles como la Black Bay. Es decir, en ambas marcas vemos herramientas, sí, pero que buscan la versatilidad.
En cuanto al precio de venta, hemos visto dos caminos. Rolex sube precios a un ritmo constante y acorde a la industria –ellos son los líderes de la industria a la hora de poner precios–, principalmente afectado por los precios del oro y metales preciosos, además de por la inflación general. Tudor también sube, pero desde la perspectiva de cliente, aparentemente tienen el objetivo de subir precios en el menor porcentaje posible. Rolex sube precios acorde a costes y posicionamiento. Tudor también lo hace, aunque su posicionamiento es otro: mantener un ticket medio más asequible que el de Rolex. Así nació hace 100 años y así se mantiene.









Deja un comentario