El pasado 24 de junio de 2026, la Maison des Métiers d’Art de Cartier en La Chaux-de-Fonds, Suiza, albergó la ceremonia de entrega de la 28.ª edición del prestigioso certamen Cartier Prize for Watchmaking Talents of Tomorrow. Este concurso, fundado en 1995 como una ramificación de los compromisos educativos del Institut Horlogerie Cartier (IHC) –institución pionera establecida en 1993–, se ha consolidado como el punto de referencia indispensable para identificar, evaluar y recompensar a los jóvenes relojeros y técnicos en microtecnología más brillantes de Europa central.
La elección de la Maison des Métiers d’Art para esta 28.ª edición no es casual. Inaugurado por Cartier en 2014, este centro neurálgico representa el esfuerzo de la firma por salvaguardar y desarrollar los oficios artísticos aplicados a la alta relojería. Por primera vez en la historia de la competición, los finalistas defendieron sus proyectos en este enclave, rodeados por talleres donde la artesanía tradicional se fusiona con los procesos más avanzados de desarrollo de la manufactura.
Un desafío de reequilibrio mecánico y poético
En esta edición, el certamen desafió a once finalistas seleccionados de centros educativos de Suiza, Francia y Bélgica bajo una premisa conceptual rigurosa: «Shifting the balance: reading and understanding time differently» (en español, «modificar el equilibrio: leer y percibir el tiempo de otra manera»). Este enunciado exigió a los candidatos alejarse de las representaciones temporales convencionales y reinterpretar el paso de las horas a través de la interacción física y mecánica de un péndulo.


Cada participante recibió como base un movimiento de reloj de mesa (pendulette) suministrado por Cartier, disponiendo de un límite estricto de 80 horas de taller distribuidas a lo largo de tres meses, y un presupuesto técnico limitado a 500 francos suizos. Los concursantes contaron con la posibilidad de apoyarse en un mentor técnico, promoviendo el principio de transmisión generacional que rige al Institut Horlogerie Cartier. El resultado ha sido un conjunto de doce obras únicas que exploran desde la suspensión y la gravedad hasta la detención subjetiva del movimiento.
El veredicto del jurado técnico
Las creaciones fueron evaluadas minuciosamente por un jurado de especialistas del sector de la alta relojería, compuesto por figuras de la talla de Pascale Lepeu (directora de la Colección Cartier), Pascal Ravessoud (vicepresidente de la Fondation de la Haute Horlogerie), Roy Davidoff (experto en relojes históricos y de colección) y el célebre maestro relojero independiente Kari Voutilainen.


Pascal Ravessoud © Cartier


La presencia de un perfil tan técnico y riguroso como el de Voutilainen en el jurado del Cartier Prize for Watchmaking Talents of Tomorrow pone de relieve la estrecha relación entre los métodos de la manufactura industrial moderna y los preceptos de la relojería independiente. La evaluación de los proyectos no solo atendió a la audacia del concepto estético, sino a la viabilidad física de las modificaciones del rodaje, las tolerancias de los nuevos componentes fabricados y la precisión cronométrica del conjunto resultante tras la intervención.
Análisis de los ganadores
Apprentice Watchmakers Prize: Aymeric Peters
El primer premio en esta categoría fue otorgado a Aymeric Peters, estudiante de la institución belga IATA (Institut d’Enseignement des Arts, Techniques et Artisanats de Namur), por su proyecto titulado «Silence Choisi». Peters concibió un reloj que desafía directamente la dictadura visual del segundero y las agujas en continuo avance.


Desde el punto de vista mecánico, mantiene la indicación horaria suspendida y oculta. La pieza, estructurada con un refinado chasis que combina madera noble y latón al estilo de los cronómetros de marina de finales del siglo XIX, integra una complicación sumamente inusual en relojes de mesa: un doble sistema de acoplamiento inspirado en el funcionamiento de la aguja de rattrapante (o fracción de segundo) de los cronógrafos clásicos. Al accionar una llave ubicada en el pedestal del reloj, el mecanismo libera y sincroniza instantáneamente las indicaciones para mostrar la hora real exacta en la esfera. Una vez liberada la llave, el indicador vuelve a un estado estático y silencioso, mientras el rodaje interno continúa su marcha de forma ininterrumpida. Esta solución técnica elimina la fricción constante que supondría mantener un embrague acoplado permanentemente, garantizando la conservación de la amplitud del volante.
El segundo premio en esta categoría se otorgó bajo modalidad ex-aequo a dos notables proyectos:
- Layla Sluysmans por «Nymphéa». Un autómata en forma de nenúfar fabricado con resina y ébano mexicano. La flor mecánica está coordinada con el movimiento de la pendulette para ejecutar un ciclo bihorario de apertura y cierre de sus pétalos. El dial, decorado con esmalte tradicional, solo es visible cuando el nenúfar florece por completo, obligando al espectador a interactuar con el tiempo de manera contemplativa.
- Edouard Nicod por «La Dualité des Opposés». Nicod invirtió por completo los roles tradicionales de un reloj. En su pieza, las agujas permanecen estáticas mientras el tren de rodaje y la propia esfera se desplazan en el espacio para señalar la hora. Como contrapeso dinámico, el autor esculpió una pantera recostada –emblema histórico de Cartier– que actúa como un contrapeso físico móvil para mantener el equilibrio de gravedad del mecanismo oscilante.
Technicians Prize: Arthur Choquet
En la categoría reservada a los estudiantes de Grado Superior de Microtecnología, el primer premio recayó en Arthur Choquet, alumno del Lycée Jean Jaurès de Rennes, Francia, gracias a su obra titulada «Un Instant».


La creación de Choquet destaca por su marcada influencia arquitectónica, inspirada en las estructuras haussmannianas de París. Su enfoque técnico consistió en exponer al máximo el rodaje y el órgano regulador del péndulo, desnudando los componentes para construir un diálogo geométrico entre los elementos funcionales del reloj y el vacío espacial. La lectura del tiempo se convierte aquí en una experiencia suspendida, donde los engranajes y puentes de soporte –rediseñados y acabados meticulosamente a mano– parecen flotar dentro del armazón metálico, ofreciendo una visualización limpia, pura y desprovista de elementos ornamentales superfluos.
Los ganadores de las primeras posiciones de ambas categorías recibieron como galardón un reloj de pulsera firmado por Cartier, un programa de inmersión técnica en las dependencias de alta relojería de la marca y la oportunidad de realizar prácticas profesionales supervisadas por los maestros relojeros de la manufactura.
Una visión integradora: de la mecánica de formas a la joyería
El rigor de este certamen demuestra que para la firma parisina el diseño de formas no es una disciplina meramente decorativa, sino un campo donde la ingeniería de microcomponentes debe someterse a la armonía visual. Esta filosofía, que define los desarrollos mecánicos más complejos dentro de las colecciones de Cartier Privé, se complementa con una importante decisión estratégica comunicada por la dirección de la Maison al concluir la ceremonia de este año.
Cartier anunció la expansión de este premio internacional, que a partir de 2027 pasará a incluir la disciplina de la joyería. De este modo, el concurso evolucionará para reflejar fielmente la doble identidad artesanal e industrial de la marca, fusionando el savoir-faire de la gemología y el engaste con la precisión de la mecánica micrométrica. El epicentro de esta sinergia continuará siendo la Maison des Métiers d’Art, consolidando su rol de puente entre el pasado técnico de la alta relojería tradicional y la audacia creativa de las nuevas generaciones.




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