Hace tiempo apareció una foto en blanco y negro de un reloj bastante desconocido, un Vacheron Constantin del que nadie sabía nada más allá de que contaba con la la referencia 3620, y que empezó a generar cierta aura a su alrededor.
Y ya sabéis cómo somos los aficionados: el 3620 se convirtió en motivo de un montón de especulaciones acerca del material con el que estaba realizado, el auténtico color del dial y un largo etcétera, pero la realidad es que ni siquiera se sabía si el reloj era real o no.

Hasta que en el año 2011 la casa de subastas Phillips recibió una imagen del reloj y, lo mejor de todo, es que era a color. Ya está, desvelada la primera pista; pero la realidad es que ese fue el pistoletazo de salida para llamadas, visitas a la manufactura y mucha consulta de archivos, lo que desveló todo acerca de la pieza. Y era aún más interesante de lo que se creía en un inicio.

El reloj fue encargado en 1935 a la marca por un empresario español, Francisco Martínez Llano, quien quería una pieza de pulsera que incorporara las complicaciones típicas de los modelos de bolsillo y que fuera fácil de leer. Es decir, iba a ser uno de los ejemplares más complicados de la época y, además, único.
Pero claro, un encargo así requería un proceso especial. Todo comenzó a finales de aquel año cuando Martínez Llano solicitó, a través del distribuidor Brooking de Madrid, una variación del modelo 3233 –algo más grande y legible–. Así, en diciembre de 1935, Vacheron dio comienzo al trabajo con los primeros bocetos.


La propuesta por parte de la marca estuvo lista bastante pronto y, para enero de 1936, Francisco Martínez Llano dio el visto bueno al concepto de Vacheron. Se solicitó el presupuesto y, además, dos esferas para el reloj.
La velocidad del trabajo me parece impresionante, teniendo en cuenta que no trabajaban con medios digitales y que, para los estándares de hoy en día, son tiempos bastante aceptables para un encargo así. Por ello, en febrero, en Brooking Madrid se confirma el pedido de un reloj de pulsera totalmente de oro amarillo de la forma y el tamaño que se mostraban en el boceto adjunto “B”. Es decir, si había una opción «B», al menos hubo un par de propuestas; esto quiere decir que el proceso fue aún más rápido.
Y ¿qué tenía el reloj del encargo? Repetidor de hora, cuarto y minuto, al que además se le solicitó incluir el tono más profundo posible. Corona a las 12 en punto, gatillo del repetidor en el lado izquierdo, según el boceto, y calendario retrógrado. Este incluía día de la semana y segundos en la misma subesfera a las 6.
Una pieza que no deja escapar ni un detalle en el apartado técnico y claramente la esfera no podía quedarse corta; esta contaba con números esmaltados y, además, diferentes elementos terminados con radio para facilitar su lectura en condiciones de poca luz. Y remarcando todo el conjunto, la doble firma «Vacheron Constantin y Brooking Madrid». Esta no es la típica doble firma que puede encontrarse en los relojes de producción vendidos en diferentes distribuidores; esta es bastante diferente y especial, ya que es una doble firma que no habla de su distribución, sino de la implicación de Brooking en el comisionado de una pieza de características que a día de hoy, 90 años después, ha trascendido y se ha convertido en una pieza de gran relevancia para la marca y la industria.
Sin embargo, no estaba completo el encargo, ya que el 10 de febrero desde Madrid se incluyó el monograma para la parte trasera con las iniciales de Francisco Martínez Llano, y la respuesta de la marca no se hizo esperar.

Debido a que se solicitaba la corona a las 12 en punto, Vacheron aconsejó usar un calibre Lépine donde los segundos están en línea con la corona y que el gatillo del repetidor cambiase a las tres en punto en lugar de a las nueve en punto del diseño inicial. Esto pretendía solucionar un posible problema al dejar el reloj sin usar durante un largo periodo, ya que, al contar con un calendario de cierta sofisticación, sería casi imposible determinar en qué momento del año estaba, lo que podría ocasionar que se seleccionase por error el mes equivocado en un momento dado al darle cuerda nuevamente. Para evitar esto, optaron por un calendario simple que podría ajustarse sin ningún problema, utilizando los dos pulsadores en la parte inferior del reloj.
Todo esto se incluyó en lo que parecía la última carta de Vacheron a Madrid, que además describía un presupuesto final de 3750 francos suizos y una fecha de entrega estimada del 15 de junio. Además, se detalló un inventario de piezas de repuesto que se entregaría con el reloj final, que básicamente eran algunos cristales, 6 correas adicionales y una esfera extra que se pidió de color negro con numerales Breguet.
Llegada la fecha, la marca hizo entrega del reloj, pero… estalló la Guerra Civil española y Francisco Martínez Llano salió del país con dirección a Chile. No fue hasta enero de 1940, cuando terminó la guerra, que Francisco Martínez Llano recogió su reloj, el cual usó hasta que falleció en 1947.

Toda esta historia, sumada a un reloj excepcional, hace que en una subasta se venda solo… o no. La realidad es que necesitaba un par de detalles para que fuese el gran éxito en subastas: el primero era el nombre; la referencia 3620 no tiene tanto gancho como llamar al reloj «Don Pancho». Y es que se decidió apodarlo así por parte de la casa de subastas, ya que era la forma en la que los más cercanos llamaban a su dueño, Francisco Martínez Llano.
La segunda era solucionar el estado en el que se encontraba el reloj, ya que en algún punto le entró agua y no se le había dado solución inmediata, dañando el dial y el calibre. Para ello, Vacheron realizó una magnífica y extraordinaria restauración del movimiento, en la que contaron con fornitura original de la época.
Pero lo complicado estaba en el dial; restaurarlo era imposible, así que optaron por la mejor solución que puede tener. Se creó una esfera lo más fiel posible a la original dentro de las posibilidades, ya que algunos detalles eran imposibles de reproducir, como por ejemplo el empleo de radio. Y quien ganase la puja, que decidiera cuál de las dos esferas montar.

© Phillips

© Phillips
Sinceramente, me parece el mejor final para un reloj así: todo comenzó con una decisión personal de su dueño y ha terminado con una decisión personal de su nuevo dueño. Aunque sospecho que tardaron más en restaurarlo que en hacer todo el reloj inicialmente.








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