En la historia de la relojería, pocas metas han sido tan determinantes como la búsqueda de la precisión absoluta. Mucho antes de que el reloj de pulsera fuera un objeto cotidiano, la capacidad de medir el tiempo con exactitud no era un lujo, sino una necesidad geopolítica y científica que definía la navegación, la astronomía y el equilibrio de poder en los océanos.
Bajo esta premisa, Phillips ha desvelado una de las colecciones privadas más coherentes y fascinantes que veremos en la próxima The Geneva Watch Auction: XXIII, los días 9 y 10 de mayo de 2026. Se trata de una selección de 11 piezas –cronómetros de marina, relojes de bolsillo y varios tourbillon– que narran un siglo y medio de innovación ininterrumpida.
El nacimiento de una ciencia
La epopeya comienza a finales del siglo XVIII, marcada por el legendario problema de la longitud. La colección destaca un cronómetro de marina de un solo día (1797), obra de Robert Pennington y Richard Pendleton, basado en los diseños de Thomas Mudge. Mudge, inventor del escape de palanca desprendido, fue un contemporáneo de John Harrison que buscó su propia solución al reto de la Corona británica. De esta pieza solo se fabricaron 26 ejemplares; el número 35, del lote 131 de la subasta, es uno de los poquísimos supervivientes que se conservan en estado original.

Estimación: 80 000 – 160 000 CHF | © Phillips
La expansión del saber cronométrico
A medida que avanzaba el siglo XIX, el foco de la precisión se desplazó hacia Dresde y Suiza. La colección incluye un cronómetro de bolsillo de Johann Christian Friedrich Gutkaes (c. 1840), maestro y suegro de Ferdinand Adolph Lange. Esta pieza representa el germen de la relojería de Glashütte, combinando un escape de detén Earnshaw con transmisión de caracol y cadena.
En Suiza, la figura de Louis Richard emerge como el arquitecto de la cronometría helvética. Obsesionado con el rendimiento térmico, Richard equipó su taller con cámaras de hielo y hornos para probar sus calibres. La subasta presenta un tourbillon cronómetro de 1860 que integra un mecanismo de fuerza constante dentro del propio regulador, una configuración técnica de una complejidad inédita para su época.
La era de los observatorios y las grandes complicaciones
A principios del siglo XX, la precisión se profesionalizó a través de los ensayos en los observatorios de Kew y Ginebra. Destaca el tourbillon de Paul Ditisheim de 1903, que alcanzó un récord histórico de 94,9 puntos en el Observatorio de Kew, superando cualquier resultado previo.

Estimación: 60 000 – 120 000 CHF | © Phillips
La colección también toca el ámbito de la alta finanza y el poder personal a través de Charles Frodsham. La pieza estrella es una Gran Complicación de 1915 (repetición de minutos, cronógrafo rattrapante y tourbillon) encargada por J.P. Morgan Jr. como regalo para su socio Thomas Lamont, uno de los financieros más influyentes de la Primera Guerra Mundial.
El ocaso de una era: Vacheron y la excelencia de Glashütte
El cierre de esta cronología nos lleva al periodo de entreguerras. Vacheron & Constantin demuestra su maestría con un cronómetro de marina de 1926 que, en lugar de recurrir al caracol y cadena tradicional, utiliza un barrilete con muelle real para lograr una arquitectura inusualmente delgada.

Finalmente, la cúspide de la artesanía alemana queda representada por el reloj de escuela de Karl Geitz (1935). Fabricado bajo la tutela de Alfred Helwig en la Escuela Alemana de Relojería (DUS), este reloj combina un tourbillon volante con un escape de detén. En 1937, esta pieza obtuvo el primer premio en las pruebas de la Deutsche Seewarte, consolidando a Geitz como uno de los educadores más influyentes de la relojería germana.

Como bien señala Aurel Bacs, consultor senior de Phillips: «La cronometría nunca se resolvió en un solo momento; fue perseguida, desafiada y reinventada a lo largo de generaciones». Esta subasta en el Hotel President de Ginebra será, sin duda, una oportunidad única para que los coleccionistas posean los objetos que, literalmente, definieron el estándar de la exactitud moderna.
Detalles de la subasta
Estos 11 relojes recorren más de un siglo de experimentación en la cronometría de precisión, desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX. Las piezas reflejan un proceso continuo de perfeccionamiento en el que cada generación de relojeros propuso nuevas soluciones para enfrentarse al mismo desafío fundamental: la exactitud absoluta.
Esta colección se ofrecerá como parte de The Geneva Watch Auction: XXIII de Phillips, que tendrá lugar en el Hotel President de Ginebra los días 9 y 10 de mayo de 2026.







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