¿Qué es un dial de piedra?
Bien. El nombre es sencillamente autodescriptivo. Aunque está claro que es un tipo de esfera fabricada en piedra, a todos se nos viene a la cabeza una roca dentro de un reloj cuando oímos un término así. ¿Es este el caso? Sí, aunque con matices. Un dial de piedra es, en esencia, una esfera de reloj fabricada en algún mineral a través de un corte y un trabajo de taladrado altamente precisos. Las principales piedras o minerales utilizados en esto son la malaquita, con su intenso tono verde con vetas blancas; el lapislázuli, una de las más famosas, también reconocible gracias a la intensidad de su azul; el ónix, destacable por la profundidad de su color negro puro; y la aventurina, famosa y utilizada por su semejanza con un cielo estrellado, entre muchas otras.
Para ilustrar este artículo, he pedido a Perrelet que nos enviara, para fotografiar y grabar, dos de sus relojes con dial de piedra: el Weekend Malachite y el Weekend Aventurine. Dos piezas singulares dentro de su elegante pero versátil colección Weekend. Son un gran ejemplo, ya que es la esfera la que cobra protagonismo en las piezas. Incorporan el calibre de manufactura Soprod P-321 en caja de 39 milímetros.


¿Cómo se hace un dial de piedra?
El proceso está formado, principalmente, por dos pasos: el corte y el perforado. Partiendo de un bloque del mineral en cuestión –malaquita, aventurina, ónix, etcétera– se realizan cortes muy finos, generalmente en el rango de los 0,2 a 0,4 milímetros de grosor. Aunque parezca muy fino, es considerablemente más grueso que una esfera regular de metal hecha de latón u oro. Por supuesto, el proceso de corte conlleva riesgos, aunque estos han ido disminuyendo con el tiempo, ya que los avances en maquinaria de precisión han paliado los desafíos que había anteriormente. Sin embargo, en el posterior control de calidad sí que se siguen descartando muchas esferas al detectar microfisuras que alteran la estructura de la piedra; ya que, con las vibraciones propias del funcionamiento del movimiento, estas microfisuras pueden terminar haciendo estallar –sí, estallar– la esfera entera. El segundo paso del proceso es el perforado: al terminar el corte, se obtiene simplemente un pequeño y fino disco de piedra. ¿Cómo pasamos las agujas a través de él? Evidentemente, con un perforado para el cañón de agujas y, si los hubiera, para el resto de huecos de la esfera. En el caso de los Perrelet Weekend, por ejemplo, incluyen también una ventana de fecha que ha de ser perforada en la piedra. Este sigue siendo un proceso complicado, donde muchas esferas terminan siendo descartadas al no superar el control de calidad pertinente.
¿Están de moda los diales de piedra? ¿Cuál es su historia?
Los diales de piedra comenzaron su andadura popular gracias a Rolex en los años 60. Aunque ya habían sido usados por otras marcas durante siglos, los 60 fueron un caldo de cultivo perfecto para su popularización, y marcas como Cartier o Piaget fueron clave en su desarrollo. Modelos como el Tank o el Polo en aquellas, o el Day-Date y el Datejust en Rolex, fueron los principales abanderados de su uso en relojería industrial durante las décadas posteriores. Sin embargo, con el final de los 90 y principios de los 2000 llegó el minimalismo y la sobriedad, que se llevaron por delante la tendencia de las esferas minerales.
Hoy en día, otro gallo canta. Es indudable que los diales de piedra están de vuelta en la palestra. Esta vez, impulsados por las marcas independientes y micromarcas. Compañías como Baltic, Christopher Ward, Furlan Marri, la propia Perrelet o Dennison han generado un nuevo interés en la actual base de coleccionistas por una característica tan única como los diales de piedra. Es curioso el caso de Dennison, donde gran parte de su estética está basada en esto. Emmanuel Gueit, su diseñador, parece ser un gran creyente en esta tendencia.
En el caso de los Perrelet Weekend Malachite y Aventurine, son un claro ejemplo de cómo la inclusión de un dial de piedra puede cambiar radicalmente la presencia y el aspecto de una pieza. Me gusta particularmente el modelo con esfera de malaquita –ya que el verde es el color que me ha acompañado toda mi vida– y considero que el tono intenso con vetas blancas de la piedra crea una esfera muy armoniosa y bonita. Si los comparamos con el resto de la colección, salvando las ediciones Dune, vemos cómo estos toques de color natural provocados por millones de años de formación son inigualables




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