Longines como cronometradora de competición
Hace unos días estuvimos en la Copa del Mundo de Esquí Alpino en Andorra. Allí, pudimos descubrir de primera mano cómo una marca como Longines lleva a cabo el cronometraje oficial de la competición. Aunque, desde fuera, se pueda pensar que es una acción de marketing –que, por supuesto, ofrece gran visibilidad a la marca–, el cronometraje es real. Es gracias a Longines que conocemos la mayoría de datos sobre los esquiadores en tiempo real.


Esto no es nuevo: desde 1924 cronometran el deporte. Comenzaron proporcionando equipos de medición para carreras en Suiza y, hoy en día, son socios de la Federación Internacional de Esquí (FIS) y cronometradores oficiales de la Copa del Mundo y del Campeonato Mundial de Esquí Alpino.
¿Qué sistemas utilizan para llevar a cabo estos cronometrajes?
Evidentemente, en el siglo que lleva Longines en estos quehaceres, los métodos han cambiado sustancialmente. De proporcionar equipos de cronometraje a una competición cercana a su fábrica en Saint-Imier a desarrollar dispositivos para las botas de los esquiadores, la marca ha hecho evolucionar la tecnología de medición específica del deporte.
En la era moderna –desde 2017 hasta hoy– Longines agrupa sus sistemas de medición en el denominado Longines Live Alpine Data (LLAD). Esta innovación se fundamenta en el uso de chips en las botas de los esquiadores que interactúan con sensores de movimiento y radares, permitiendo medir de forma continua su tiempo, velocidad y más estadísticas en competición. La alta disponibilidad de datos que ofrece el LLAD permite una experiencia de audiencia elevada, al poder disfrutar de todo tipo de gráficos y mediciones de rendimiento de los atletas durante la competición.
A este sistema se le han incorporado desarrollos adicionales, como un sistema de foto-finish en 2019, o la reciente evolución LLAD-Tech, que mejora considerablemente la ergonomía, particularmente para las pruebas de Eslalon y Eslalon Gigante.


La importancia de que las marcas de relojes se involucren en el cronometraje de eventos deportivos
No todo puede ser puro marketing. Desde mi punto de vista, es clave que las marcas de relojes hagan el esfuerzo de seguir a la vanguardia de la medición del tiempo, desarrollando nuevos formatos o secciones en sus compañías dedicadas a la cronometría más puntera. Aunque la medición del tiempo se ha convertido en algo puntero y tecnológico, si las grandes e históricas casas de relojes no se involucran en la lucha de la vanguardia, pierden su esencia y caen en la obsolescencia. Es decir: que tu ADN y eslogan estén relacionados con la búsqueda de la precisión significa que tendrás que seguir este camino, evolucionando con los tiempos que corran.



La época del cuarzo marcó un antes y un después en las «carreras de la industria». Durante décadas, las marcas habían competido por ser las primeras en llegar a diferentes hitos –como el cronógrafo automático, sonerías, perpetuos, etcétera–. Sin embargo, la llegada del cuarzo fue un segundero con reseteo a cero. Comenzó una nueva hoja en el libro de la historia relojera, la de los años 80. Aunque casi desaparece la industria –y PERPETUO no estaría aquí hoy–, el sector fue capaz de sobreponerse y adaptarse a los nuevos tiempos. Y, dejando de lado el hecho de que hemos pasado de ser una industria puntera en tecnología a una industria de lujo, pensamos que ambas pueden convivir. Es por ello que creemos tan importante la inversión de las marcas en innovación y tecnología en aspectos como el cronometraje de eventos de alta precisión. En una industria tan puntera, si paras, estás acabado.
Esta transferencia de tecnología desde las pistas de alta montaña hasta la muñeca del coleccionista es lo que, en última instancia, cierra el círculo de coherencia de la marca. No se trata solo de medir milésimas de segundo en un descenso vertiginoso a 140 km/h, sino de cómo esa cultura de la exactitud absoluta acaba impregnando el catálogo comercial de la casa de Saint-Imier. Al final del día, cuando tenemos un Spirit Zulu Time o un Ultra-Chron en el metal, lo que estamos percibiendo es una fracción de esa infraestructura técnica masiva que tuve la suerte de presenciar en Andorra. Es el recordatorio constante de que Longines no se limita a colocar un logotipo en una valla publicitaria por visibilidad; están presentes en la caseta de cronometraje, asegurándose de que la realidad física del atleta coincida con el dato digital. Para el coleccionista o aficionado, saber que el reloj hereda la exigencia de un entorno donde el margen de error es inexistente, aporta un valor intangible que trasciende lo puramente estético. Es la validación de que la precisión para Longines no es una simple especificación en un manual, sino una cuestión de honor histórico que justifica su posición en la cumbre de la relojería suiza actual.







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