A menudo, la industria relojera mide el éxito a través del volumen de producción, las listas de espera interminables y la inmediatez de los catálogos. Es, en cierta medida, algo que funciona por inercia y, por ello, en mi opinión, muchas veces aburrido. Como jefa de operaciones en PERPETUO, me paso el día «en el backstage», asegurándome de que todo encaje detrás de las cámaras. Además, y por eso estoy aquí, escribir es algo que siempre he hecho para mí, pero cuando Rafa me pidió que pusiera el foco en la relojería femenina, decidí volcar en los textos lo mejor que puedo aportar ahora mismo al medio: un interés de principiante y unas ganas enormes de aprender. No tengo el ojo viciado de quien ya se sabe todos los trucos de marketing; pero sí la curiosidad de quien quiere entender la industria desde cero y descubrir por qué las cosas se hacen como se hacen.
Desde esta posición de quien está absorbiendo todo por primera vez, pienso que los movimientos estratégicos más interesantes se dan cuando las marcas deciden salirse de su propia corriente comercial para reivindicar y contar una historia que les pertenece en primera persona.
El pasado 1 de junio se cumplió el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe y, aunque parezca un personaje del que ya se ha contado prácticamente todo, la fecha adquiere un valor completamente distinto si dejamos a un lado el mito pop y lo miramos desde el prisma de la relojería femenina: Marilyn llevaba un Blancpain.


Del olvido en Los Ángeles a la arquitectura de Le Brassus
El reloj de cóctel personal de la actriz permaneció en la sombra durante décadas, custodiado casi en secreto entre sus efectos personales. Sin embargo, su historia dio un vuelco en 2016: la pieza reapareció en Los Ángeles en una subasta de Julien’s Auctions, perdida entre los lotes que pertenecieron a Lee Strasberg –director del Actors Studio y administrador de los bienes privados de la actriz–. Al detectar el valor histórico del hallazgo, Blancpain intervino para adquirir la pieza y devolverla a los talleres de Le Brassus, liberándola de un olvido que habría desdibujado su relevancia.

Un manifiesto Art Déco en platino
Fabricado entre finales de los años 40 y comienzos de los 50, el reloj original se aleja del diseño convencional de la época. Responde a las líneas más puras del art déco americano: una caja rectangular, esbelta y alargada, que proyecta la misma verticalidad arquitectónica que definía la silueta de los rascacielos neoyorquinos de mediados de siglo. Esculpido en platino 950, el cuerpo del reloj estaba engastado en 71 diamantes talla brillante y dos diamantes talla marquesa. Este marco de joyería resguardaba una esfera opalina limpia, donde los índices aplicados en oro amarillo y el logotipo de la firma, deliberadamente en horizontal, se adaptaban a las proporciones de una pieza concebida para demostrar que el diseño femenino también podía ser riguroso y estructural.
Bajo esta estética estaba un componente técnico que desmonta cualquier idea de que los relojes de mujer de la época eran simples adornos inertes para lucir en una cena y ya. Contaba con un calibre baguette en miniatura FHF 59, concebido por la Fabrique d’Horlogerie de Fontainemelon en 1932. Sus dimensiones (0,85 x 2,09 cm) demuestran el nivel de exigencia que requería la micromecánica de joyería de mediados de siglo.
Lo verdaderamente interesante desde el punto de vista histórico para el coleccionismo actual es su doble identidad. El reloj lleva la firma «Blancpain» grabada de forma limpia en su esfera blanca rectangular, justo entre sus indicadores amarillos y sus agujas azuladas. Sin embargo, al darle la vuelta y asomarse al minúsculo movimiento mecánico, descubrimos la mención «Rayville Watch Co 17 Jewels». Esta combinación nos traslada de forma directa a la era en la que la manufactura operaba como Rayville-Blancpain bajo el mando de Betty Fiechter, ni más ni menos que la primera mujer en asumir la dirección de una gran casa de alta relojería suiza y cuya capacidad visionaria dio a luz los relojes joya en la marca –y que, además, le confirieron su proyección internacional. Eso sí, quién le regaló la pieza a Marilyn sigue siendo un misterio sin confirmar, pero que la actriz llevaba en su muñeca un reloj de la manufactura es indiscutible.
Blancpain Ladybird Tribute: deconstruir un nombre
La manera en la que Blancpain ha decidido honrar este legado huye de la producción en masa. Bajo el nombre de Ladybird Tribute, la marca ha presentado una colección cápsula compuesta por siete piezas únicas. Un concepto minimalista a la par que rotundo: cada uno de los relojes corresponde a una de las letras del nombre de la actriz grabado individualmente en el fondo de la caja.
La colección respeta fielmente la silueta rectangular y el engaste geométrico original, pero actualiza sus proporciones con una caja de oro blanco de 18 quilates de 35 × 16 mm y un grosor de 6,50 mm. Su trabajo de alta joyería es imponente, sumando un total de 85 diamantes distribuidos de forma estratégica entre la carrura, las fijaciones arqueadas y la propia hebilla. Para reforzar su identidad visual, cada pieza se entrega con una correa de piel de becerro en siete tonalidades exclusivas desarrolladas junto a Pantone®.


En el plano estrictamente mecánico, el Ladybird Tribute da un salto importante al incorporar el calibre de manufactura Blancpain 510 de cuerda manual. Presentado en 2020, este movimiento cuenta con escasos 2,60 mm de grosor. Compuesto por 128 piezas y 23 rubíes, late a una frecuencia de 3 Hz y asegura una reserva de marcha de 52 horas. Además, rompiendo con el hermetismo tradicional de las piezas de época, la firma introduce un fondo de zafiro transparente que permite auditar el nivel de acabado del movimiento.

Con un precio oficial de 48 650 € por pieza, el lanzamiento se sitúa, lógicamente, en la cúspide de la alta relojería femenina. Pero más allá de las cifras y del estatus, como lanzamiento me parece un acierto porque demuestra que un gran diseño no necesita recurrir a los hashtags efímeros de TikTok ni a la nostalgia simplona cuando se apoya en una historia real, una arquitectura propia y un calibre de manufactura excelente.
Especificaciones técnicas
| Referencias oficiales | 0091M (M) / 0091A (A) / 0091R (R) / 0091I (I) / 0091L (L) / 0091Y (Y) / 0091N (N) |
| Colección | Ladybird Tribute |
| Material de la caja | Oro blanco de 18 quilates |
| Dimensiones de la caja | 35 x 16 mm |
| Grosor de la caja | 6,5 mm |
| Hermeticidad | 3 bar ( 30 metros) |
| Esfera | Opalina con índices aplicados en oro amarillo y agujas cónicas |
| Engaste | 85 diamantes |
| Movimiento | Mecánico de carga manual |
| Calibre | Blancpain 510 |
| Reserva de marcha | 52 horas |
| Precio | 48 650 € |
Para más información sobre el modelo, visita la web de Blancpain.









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