El Villeret Ultraplate existía antes en 40 mm. Era un reloj correcto, pero esos dos milímetros de más lo alejaban de la proporción clásica que define a la línea y limitaban su versatilidad bajo puño de camisa. Con la versión de 38 mm, Blancpain recupera la escala que este reloj siempre debería haber tenido.
No es una decisión aleatoria. El renacimiento de Blancpain a principios de los 80, impulsado por Jean-Claude Biver y Jacques Piguet, se construyó sobre cajas compactas y calibres de manufactura Frédéric Piguet. Los 38 mm son un regreso a ese origen, no una concesión al mercado.

Caja y esfera: 8,35 mm bajo el puño
El diámetro baja de 40 a 38 mm y el grosor se queda en 8,35 mm, frente a los 8,70 mm anteriores. Es un reloj que desaparece bajo cualquier puño de camisa sin el menor problema. Para un vestidor clásico, eso no es un detalle menor: es la condición fundamental.
La caja mantiene el bisel de doble anillo –el double pomme– que es la seña de identidad más reconocible de la línea Villeret. Suaviza el perfil, le da ese carácter clásico que ni el acero ni el oro rojo de 18 quilates pueden desvirtuar. La hermeticidad es de 30 metros, lo suficiente para la humedad cotidiana y nada más. Para un reloj de este tipo, es lo correcto: no tiene sentido comprometer la delgadez de la caja por una estanqueidad que nadie va a usar.


La esfera es opalina con tono dorado –no el blanco clínico habitual, sino algo más cálido y con más carácter–. Los números romanos son aplicados en oro de 18 quilates, con relieve real. Las agujas caladas en forma de hoja de salvia completan el lenguaje histórico de la casa. Lo que rompe ligeramente con la rigidez del vestidor clásico es el material luminiscente en las agujas: un guiño a la legibilidad diaria que agradezco. La versión con índices aplicados en oro amarillo es exclusiva de boutiques oficiales.

La fecha va a las 3 horas. Para los puristas del dial limpio y simétrico, esto es un punto de fricción real. Lo entiendo. Yo lo preferiría sin ella, pero es una decisión de producto que amplía el público sin destruir la esfera.
Calibre 1150: el argumento técnico más fuerte
El interior es donde este reloj deja de ser simplemente bonito y se convierte en algo más serio. El calibre 1150 tiene 26,2 mm de diámetro y 3,25 mm de grosor. Con esas dimensiones, ofrece 100 horas de reserva de marcha –más de cuatro días– gracias a una configuración de doble barrilete en serie. Hacer eso en un calibre automático de 3,25 mm de espesor no es habitual. La mayoría de los competidores directos en este segmento se conforman con 40 o 42 horas.

Opera a 3 Hz (21 600 a/h), frecuencia clásica que favorece el desgaste mínimo de los componentes. Incorpora espiral de silicio, lo que resuelve la sensibilidad a campos magnéticos sin añadir grosor. Por el fondo de zafiro se ven los puentes biselados con côtes de Genève y la masa oscilante calada en oro macizo. El nivel de acabados es el que se le exige a Blancpain, y está.
El origen del calibre es la manufactura Frédéric Piguet, hoy integrada en Blancpain. Para quien conoce la historia de la firma, eso tiene un peso específico.
Precios y para quién tiene sentido
La versión en acero parte de los 11 400 euros, mientras que la de oro rojo de 18 quilates sube a 23 400 euros. Puedes ver ambas configuraciones en la web oficial de Blancpain.

A esos precios, el Villeret Ultraplate de 38 mm no compite con el volumen, sino con el criterio. Es un reloj para quien entiende por qué las proporciones correctas importan, por qué 100 horas de reserva en un calibre de 3,25 mm es un logro técnico real, y por qué el double pomme tiene una historia detrás. En PERPETUO hemos analizado bastantes relojes de vestir en este rango, y pocos tienen un argumento técnico tan sólido envuelto en una estética tan contenida. Para quien buscaba el Villeret en la escala que siempre le faltó, esta es la versión.

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