En 1956, cuando la relojería femenina se resolvía casi siempre con nácar, piedras engastadas y calibres comprados a terceros, Blancpain tomó el camino más difícil: construir un calibre mecánico propio, redondo y minúsculo, fabricado en serie bajo la dirección de la primera mujer al frente de una manufactura relojera suiza. Setenta años después, la marca de Villeret vuelve a formularse la misma pregunta, con los mismos principios y sin haber fabricado jamás un reloj de cuarzo.
La respuesta se llama Blancpain Lady B (ref. 0064), heredero directo de la colección Ladybird que Blancpain presentó en 1956. Caja esférica de apenas 19 mm y 2,9 cm³ de volumen, animada íntegramente por el calibre de manufactura 615: nada de electrónica escondida para resolver la miniaturización, solo mecánica, muy pequeña y muy bien resuelta.

1956: el diseño biomórfico y el genio de Betty Fiechter
Para entender el Blancpain Lady B hay que volver a mediados de los años cincuenta, una época de optimismo tecnológico que sustituyó las líneas ortogonales de entreguerras por el lenguaje biomórfico: la Tulip Chair de Eero Saarinen, las esculturas de Isamu Noguchi, las siluetas Sack y Baby Doll de Balenciaga. El volumen esférico se convirtió en símbolo de una época, desde la cabina burbuja del GM Firebird III hasta el Atomium de Bruselas en 1958.
Blancpain no fue ajena a ese lenguaje, y menos con Betty Fiechter al frente: entró como aprendiz en Villeret en 1912, con dieciséis años, adquirió la manufactura en 1933 y se convirtió en la primera mujer al mando de una empresa relojera suiza, dirigiendo a más de 200 empleados en un país donde las mujeres todavía no podían votar. Bajo su dirección, junto a su sobrino Jean-Jacques Fiechter, nacieron el Fifty Fathoms en 1953 y la colección Ladybird en 1956, con solo tres años de diferencia entre el diver militar más influyente de la historia y el reloj femenino de manufactura más ambicioso de su época.

El calibre R52/R55: el movimiento redondo más pequeño de su tiempo
El objetivo del Ladybird original era concebir el movimiento mecánico redondo más pequeño del mundo fabricado en serie. El calibre R52/R55 medía 11,85 mm de diámetro y 3,7 mm de grosor, con 200 componentes ensamblados con tolerancias de hasta 1/2000 mm y un volante de alta inercia con 22 tornillos de oro macizo. Existió en versión de remonte lateral y en una variante backwind que desplazaba la corona al fondo de la caja, dando a los joyeros libertad formal absoluta en la carrura. Funcionó tan bien que Omega y Longines lo adoptaron para sus propias creaciones, algo poco habitual para un calibre de manufactura.










2,9 cm³: esculpir el espacio en lugar de medir un diámetro
La relojería convencional juzga sus proporciones en dos dimensiones: plano y diámetro. El Lady B se piensa en volumen —2,9 cm³, con 19,00 mm de diámetro y 13,20 mm de grosor— y se construye en dos secciones superpuestas, bisel y fondo, con una línea de unión invisible gracias al estudio de los reflejos sobre el metal pulido. El diseño prescinde de asas: la correa atraviesa el cuerpo del reloj por una ranura mecanizada de 10 × 1,6 mm, con aristas terminadas a mano siguiendo el oficio tradicional de Villeret. El Blancpain Lady B se ofrece en dos versiones:
- Acero inoxidable. Índices en oro pulido gris y correa de piel de becerro de doble vuelta con hebilla de ardillón, disponible en siete tonalidades. Precio: 10 950 €.
- Oro rojo de 18 quilates. Índices en oro rojo a juego con la caja y el mismo sistema de extracción rápida por ranura en el reverso. Precio: 16 350 €.

Calibre 615: miniaturización automática
El motor del Blancpain Lady B actual es el calibre de manufactura 615: 15,70 mm de diámetro, 3,90 mm de grosor, uno de los automáticos más compactos de la relojería contemporánea. 180 componentes, 29 rubíes, 3 Hz (21.600 a/h) y 38 horas de reserva de marcha. La espiral de silicio da insensibilidad a campos magnéticos y buena estabilidad isócrona; los puentes llevan Côtes de Genève, y la masa oscilante está calculada geométricamente para maximizar la inercia de remonte aprovechando la curvatura del fondo de zafiro, un detalle que solo tiene sentido en una caja esférica como esta.


La esfera: sobriedad como argumento estético
La esfera evita a propósito el nácar y los engastes de piedras preciosas —el atajo habitual en la relojería femenina de este segmento— y deja que el volumen y la luz hagan el trabajo. El fondo es beige opalino cálido, conseguido con una técnica de incrustación de oro, con índices tipo bastón de apenas 1,82 × 0,39 mm. El realce perimetral, pulido a espejo, proyecta el volumen curvo de la caja hacia el interior de la esfera, y la corona lleva grabado el monograma «JB», en referencia a Jehan-Jacques Blancpain. La correa está disponible en siete tonalidades —blanco, beige, moka, burdeos, azul, coral y morado—, una gama que permite personalización real sin tocar el reloj en sí.

El valor intrínseco de la mecánica pura
El Blancpain Lady B llega en un momento en el que buena parte de la relojería femenina de este tamaño sigue resolviéndose con cuarzo o con calibres de terceros, y confirma que Blancpain sigue tratando el segmento con el mismo rigor técnico que aplica a sus relojes masculinos, el mismo criterio que ya vimos en el Ladybird Tribute dedicado a Marilyn Monroe, presentado meses antes. No es una tendencia aislada: el resto de manufacturas del grupo Swatch también compite cada vez más en miniaturización mecánica, y un calibre automático de 15,70 mm con espiral de silicio eleva el listón técnico del segmento.
Con precios desde 10.950 € en acero y 16.350 € en oro rojo, el Blancpain Lady B no busca ser una edición limitada, sino una línea regular de catálogo: la distribución empieza el 17 de septiembre de 2026 en boutiques oficiales y distribuidores autorizados. Para conocer el resto de la gama, visita la web oficial de Blancpain.


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