A finales de los años 60, Grand Seiko estrenó las siglas V.F.A. (Very Fine Adjusted) en plena rivalidad con los observatorios de Neuchâtel y Ginebra. El objetivo era fijar un estándar de regulación propio que la industria tradicional no podía igualar. Décadas después, la marca recuperó ese espíritu con la designación U.F.A. (Ultra Fine Accuracy), que ya vimos estrenarse en su vertiente de buceo profesional. Ahora la traslada a la serie más representativa de su catálogo: la Evolution 9.


Son cuatro referencias —SLGB007, SLGB009, SLGB011 y SLGB013— que montan el calibre Spring Drive 9RB2 U.F.A. No es un retoque estético de la caja Evolution 9. Lo que cambia es el regulador, y con él el margen de error de un reloj de producción en serie.
Calibre 9RB2: cómo se consigue envejecer un cuarzo a propósito
Para entender qué tiene de especial el sello U.F.A. hay que recordar cómo funciona un Spring Drive. Un muelle real mueve el tren de engranajes como en cualquier mecánico, pero la velocidad de desenrolle no la controla un escape de áncora con volante y espiral: la regula un freno electromagnético gobernado por un circuito integrado y un oscilador de cuarzo. De ahí el segundero que se desliza sin saltos.


El punto débil de cualquier cuarzo es que su frecuencia no es perfectamente estable con el tiempo. Le afectan los cambios bruscos de temperatura, las variaciones de presión y los impactos, y además el propio cristal envejece a nivel molecular y su frecuencia deriva. El Shinshu Watch Studio, en la factoría de Seiko Epson en Shiojiri (Nagano), ataca ese último problema de frente: selecciona los cristales y los preenvejece de forma controlada antes de encapsularlos al vacío, de modo que el asentamiento atómico ya ha ocurrido cuando el reloj sale de fábrica.



El resultado es una tolerancia de ±20 segundos al año. Un año tiene más de 31 millones de segundos, así que hablamos de una desviación media inferior a dos segundos al mes, en un reloj con 72 horas de reserva de marcha y resistencia magnética de 4800 A/m. Para un reloj con muelle real, es una cifra que ningún mecánico puede igualar.
La caja Evolution 9: pequeños ajustes, uno de ellos esperado
El lenguaje de diseño Evolution 9 hereda las directrices que Taro Tanaka fijó en 1967 con el 44GS, afinadas para una ergonomía actual. Las cuatro referencias comparten caja de 40 mm de diámetro y 11,7 mm de grosor, con una distancia entre asas que añade apenas 0,2 mm respecto a las versiones mecánicas Hi-Beat, lo justo para que el reloj descanse plano sobre la muñeca. La hermeticidad es de 100 metros, con zafiro abombado y antirreflejante interior, y fondo roscado de zafiro.



El brazalete arranca en 22 mm entre asas y se estrecha hacia el cierre desplegable, que incorpora por fin un microajuste de 6 mm en incrementos de 2 mm. Era una de las peticiones más repetidas entre los aficionados a la marca, y es el tipo de mejora que se agradece más que cualquier esfera nueva.

Las cuatro referencias: el paisaje de Nagano
Como es costumbre en Grand Seiko, cada esfera se inspira en el entorno de sus talleres, y aquí todas salen de Nagano.
- SLGB007 «Lake Suwa Night». Es la única en High-Intensity Titanium, la aleación propia un 30 % más ligera que el acero y más resistente al rayado y a la corrosión. Con 110 gramos es un reloj que casi se olvida en la muñeca. La esfera negra con degradado radial evoca el lago bajo la luz de la luna, con los índices facetados a diamante de la serie. 11 700 €.
- SLGB009 «White Birch». Va en Ever-Brilliant Steel, un acero de tono blanquecino con gran resistencia a la corrosión por picado, y recuerda a los abedulares cercanos al taller de Shiojiri. Su textura tridimensional, de un blanco con matices grises, remite a un invierno japonés tranquilo. 10 400 €.
- SLGB011 «Atera Valley». Es exclusiva de las boutiques y los espacios Salon de Grand Seiko. Esfera en degradado azul verdoso que reproduce las corrientes cristalinas del río Atera a su paso por uno de los valles más protegidos de la región, también en Ever-Brilliant Steel. 10 400 €.
- SLGB013 «Lake Suwa Dawn». Es la contrapartida diurna de la de titanio: las ondulaciones del agua con los primeros rayos de sol, en azul profundo con cepillado radial concéntrico, otra vez en acero. 10 400 €.




De las cuatro, mi favorita es la SLGB013. El azul profundo con ese cepillado radial queda más sobrio de lo que parece en fotografía, y es la que mejor encaja con un traje sin renunciar al carácter deportivo de la caja. El resto —caja de 40 mm, calibre 9RB2, 72 horas de reserva, 100 metros de hermeticidad y microajuste de seis milímetros— es común a las cuatro.
Cuando un año entero cabe en veinte segundos
Con el 9RB2 en la Evolution 9, Grand Seiko lleva el U.F.A. del reloj de buceo a una caja de 40 mm que se puede llevar a diario, con el microajuste que faltaba y dos metalurgias propias, el Ever-Brilliant Steel y el High-Intensity Titanium. Es una combinación que tiene poco que envidiar a nadie en este rango de precio.
Lo que más me interesa es que la marca no ha tocado nada de lo que ya funcionaba en la caja: ha puesto el esfuerzo en el regulador, que es donde está la diferencia real. Veinte segundos al año en un reloj de pulsera que ni siquiera lleva pila es la mejor forma de justificar unas siglas que llevan más de cincuenta años en su historia. La colección Evolution 9 completa puede consultarse en la web oficial de Grand Seiko.


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