Dentro de las conversaciones de aficionados a la relojería, una de las cosas que se discute mucho es la cantidad de texto que tienen las esferas de Rolex y, la verdad, es que esto es algo que desde hace bastante tiempo ha acompañado a la marca; es parte de lo que significa un Rolex.
Entre todas estas leyendas, destaca la de «cronómetro superlativo», que se traduce en el dial como «Superlative Chronometer Officially Certified». Un total de dos líneas de texto que podrían suprimirse en favor de diales más bonitos, pero para entender por qué no se hace, necesitamos remontarnos muchos años atrás.

Hace bastante tiempo, los cronómetros marinos eran esenciales para la navegación porque podían ayudar a determinar la posición de un barco; por ello, el cronómetro marino se convirtió en el mayor estándar en el cronometraje de precisión. Es más, esta fue el arma secreta de la Royal Navy de Reino Unido, para convertirse en la marina más poderosa del mundo.

Sin embargo, a la vez que era una herramienta muy útil, también era muy peligrosa, ya que la desviación de un segundo en el cronometraje se trasladaba directamente al posicionamiento de los navíos, haciendo que se desviaran medio kilómetro por día. Y ahí entra en juego el papel de los observatorios: certificando estos cronómetros.
En este ámbito, el que destacó notablemente fue el Observatorio de Kew, ya que tenía unos estándares y criterios muy exigentes en su certificación Class A. Para obtener este tipo de certificado, los relojes eran sometidos a 45 días de pruebas (en comparación con los 15 días de pruebas del actual COSC) entre las que se encontraban el uso en cinco posiciones diferentes y a tres temperaturas diferentes.
Es decir, dentro de las certificaciones de observatorio era la mejor, pero la más difícil de conseguir. Para una persona como Hans Wilsdorf, muy exigente y con el objetivo de construir las mejores herramientas, este era el punto a batir, ya que supondría haber creado un reloj de pulsera verdaderamente fiable que hasta la fecha no existía.
Todo ello comenzó en Bienne cuando, en 1910, Rolex consiguió certificar el primer reloj de pulsera del mundo con el Certificado Suizo de Precisión Cronométrica. Y aunque esto parezca un gran hito, no era suficiente para Wilsdorf, ya que la carrera por las certificaciones había comenzado.


Es por este motivo que, en 1914, consiguió que uno de sus relojes adquiriese la certificación Class A. Rolex ya no solo era la primera marca en haber conseguido una certificación de cronómetro en sus relojes de pulsera, sino que había aumentado la brecha respecto a las otras marcas. Con esta certificación, estaba lanzando un mensaje: Rolex era capaz de producir relojes de pulsera tan precisos como los mejores instrumentos de navegación de la época.

Y una de las cosas que ha demostrado Rolex a lo largo de su historia es saber hacer las cosas a escala, sin quedarse en un ejemplo anecdótico. Por ello, tras este hito tan importante, el objetivo era posicionar a la marca como productora de relojes de pulsera cronométricos a mayor escala; una carrera a largo plazo que terminaría prácticamente entrados los años 2000, sin que Wilsdorf lo viera cumplirse.
Así, durante 4 años, Rolex estuvo produciendo un total de 145 calibres que se sometieron a las pruebas del Observatorio de Kew, de los cuales solo nueve no consiguieron pasarlas. Esto se traduce en que más del 93 % de la capacidad de producción de Rolex podía alcanzar el grado más alto de cronometría existente.
La obsesión de Wilsdorf por ser líder en precisión y fiabilidad continuó a lo largo del tiempo. Por ello, en cuanto se estableció el Instituto Oficial Suizo de Pruebas de Cronómetros (COSC) para estandarizar las pruebas en toda la industria, fue de las marcas que más calibres presentó; y en 1957, lanzó un nivel de exigencia aún mayor con su certificación Superlativa.
Desde entonces, esta certificación ha acompañado a los relojes de la marca y ha evolucionado en sus estándares para ser más exigente, pero lo más importante es que ha marcado el camino de las innovaciones de la firma. Si te fijas bien, todos sus avances apuntan a este objetivo, no tanto al de hacer cosas diferentes.
Y, realmente, este es el significado de «superlativo»: la evolución constante para ser el mejor en un objetivo concreto, no el alcanzar una serie de hitos.


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