Hay momentos en la alta relojería donde la técnica deja de ser una métrica para convertirse en arte puro. Vacheron Constantin, en el marco de su 270.º aniversario, ha decidido no solo mirar al pasado, sino materializar su legado en una pieza monumental: La Quête du Temps (en español, «la búsqueda del tiempo»). Este reloj de autómata astronómico, tras deslumbrar en el Museo del Louvre, aterriza por primera vez en Suiza como la pieza central de una exposición que reúne las cinco creaciones más complejas jamás salidas de la maison.
Un autómata con memoria mecánica
Fruto de siete años de desarrollo y compuesto por 6293 componentes, La Quête du Temps no es un reloj convencional. Con una altura de 107 cm, esta obra maestra fusiona un instrumento de precisión con 23 complicaciones y un autómata funcional cuya coreografía está sincronizada con el paso del tiempo.
A diferencia de los autómatas tradicionales, que suelen ser animaciones añadidas, aquí la figura del astrónomo forma parte intrínseca del movimiento. Gracias a una «memoria mecánica» de 158 levas, el autómata realiza 144 gestos fluidos y naturales, orquestados al ritmo de una composición musical creada específicamente por el artista Woodkid. Para lograr este nivel de naturalismo, la manufactura colaboró con François Junod, el mayor experto a nivel mundial en autómatas, logrando una simbiosis perfecta entre la ingeniería del siglo XXI y el espíritu de la Ilustración.
El cosmos bajo una cúpula de cristal
La arquitectura de la pieza es un despliegue de sus Métiers d’Art. Bajo una cúpula de cristal de 40 cm, se observa un mapa celeste de Ginebra tal y como era el día de la fundación de la maison, validado por el Observatorio de Ginebra. A sus pies, una luna retrógrada en 3D orbita mientras el sol permanece suspendido, todo sostenido por una estructura de titanio que marca horas y minutos.
En su corazón técnico, un tourbillon de gran tamaño rodeado de diamantes talla baguette domina la escena, flanqueado por indicadores de un calendario perpetuo y una reserva de marcha de 15 días. La base, una proeza de cristal de roca y piedras semipreciosas como el lapislázuli, oculta los mecanismos que impulsan tanto la música como el movimiento del autómata, protegidos por 15 patentes.

De la monumentalidad a la muñeca
Esta búsqueda de la excelencia ha inspirado también el nuevo Métiers d’Art Tribute to the Quest of Time, un reloj de pulsera de doble cara que traslada la ambición del reloj de autómata a un formato de uso diario. Con una esfera birretrógrada, fases lunares en 3D y un mapa de constelaciones que sigue el día sidéreo, esta pieza es la prueba de que Vacheron Constantin es capaz de miniaturizar lo infinito sin perder un ápice de complejidad técnica.
El olimpo de las complicaciones
La exposición en Watches and Wonders se completa con tres leyendas que han definido los récords de la industria en la última década:
- Referencia 57260: el reloj de bolsillo que en 2015 asombró al mundo con 57 complicaciones.


- The Berkley Grand Complication: el actual poseedor del récord mundial con 63 complicaciones, incluyendo el primer calendario perpetuo chino.


- Solaria Ultra Grande Complication: presentada en 2025, es el reloj de pulsera más complejo de la historia con 41 complicaciones.


Al reunir estas cinco piezas, Vacheron Constantin no solo celebra una efeméride; reafirma su posición como el custodio definitivo del savoir-faire relojero. La Quête du Temps es, en última instancia, un homenaje al ingenio humano y a esa eterna necesidad de capturar el orden del universo en un engranaje perfecto.










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